La hermandad ultima los preparativos de una de las celebraciones más sentidas de la ciudad, que culminará con la procesión del santo por las calles bilbilitanas
El sonido de los cohetes y la música de dulzainas y tamboriles nos recuerdan ya desde el punto de la mañana la llegada de la celebración en honor a San Pascual Bailón. Desde primera hora de la mañana, los miembros de la hermandad trabajan en el oratorio del santo ultimando los detalles de un fin de semana marcado por la tradición y la historia del patrón de los sogueros.
El presidente de la hermandad, Braulio Gracia, nos explica que los preparativos comienzan mucho antes de la procesión. “La verdad es que estamos muy bien y con mucha ilusión. Esta mañana ya hemos empezado recorriendo diversas calles de la ciudad y ahora comenzaremos a enramar la peana y a colocar al santo”, señala.
Uno de los momentos más especiales es precisamente ese arreglo previo. La peana se adorna con hiedra y flores antes de trasladar la imagen hasta la iglesia de San Andrés, desde donde partirá la procesión. El oratorio, habitualmente cerrado, abre sus puertas en contadas ocasiones a lo largo del año, siendo esta celebración una de las más esperadas por vecinos y devotos.
San Pascual Bailón, nacido en la localidad zaragozana de Torrehermosa, mantiene una profunda vinculación con Calatayud y su comarca. Según recuerda Gracia, se trata de un santo muy venerado en Aragón y especialmente ligado a antiguas tradiciones gremiales. “Las hermandades estaban asociadas a los gremios y servían también como apoyo social a sus miembros. De ahí nació la cofradía de San Pascual, vinculada a los sogueros”, explica.
La historia local también aparece ligada a la fiesta. La antigua industria del cáñamo en Calatayud, dedicada a la elaboración de maromas para barcos, marcó durante siglos la economía de la ciudad y dejó curiosidades históricas que aún hoy se recuerdan en el relato popular.
Actualmente, la hermandad cuenta con unos 25 miembros activos y una veintena de hermanos honorarios, suficientes —como afirma su presidente— para mantener viva una tradición que sigue despertando cariño entre los bilbilitanos.
El acto central llegará mañana al mediodía, cuando la imagen de San Pascual recorra las calles desde la iglesia de San Andrés acompañada por música y vecinos. Durante el recorrido se repetirá una de las estampas más entrañables de la celebración: el lanzamiento de caramelos y golosinas desde los balcones al paso del santo. No hace muchos años en esta procesión y desde los balcones se lanzaban incluso dinero y distintas prendas, para la algarabía de los muchachotes que acompañaban al santo.
“Todavía hoy muchas personas mantienen esa costumbre y cuando pasa el santo lanzan caramelos”, destaca Gracia, subrayando cómo pequeños gestos mantienen viva la esencia popular de la fiesta.
Entre devoción, historia y tradición Calatayud volverá a celebrar a San Pascual, con la intención de disfrutar de unos días agradables y de hacer perdurar una tradición antiquísima en la ciudad.