Fin de semana medieval poniendo el valor en el casco histórico de Calatayud

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La recreación histórica de la toma de la ciudad en 1120 sortea la tormenta, roza el lleno hotelero con un 93% de ocupación y consolida un arraigo popular surgido hace más de dos décadas.


La vigésimo primera edición de Las Alfonsadas bajó este domingo el telón consolidando un éxito  que trasciende la mera recreación histórica. A pesar de los caprichos meteorológicos del fin de semana, las calles de la ciudad bilbilitana revivieron la toma de la localidad en 1120 por el rey Alfonso I El Batallador, uniendo de forma multitudinaria a vecinos y visitantes en torno a un espíritu de convivencia que evoca lo mejor de su pasado medieval.
Lo que hoy es un evento completamente asentado y  motor turístico del inicio del verano en la comarca, nació hace 21 años como un sueño personal del bilbilitano Eduardo Gil. Aquella idea original ha ido creciendo de forma exponencial verano tras verano gracias al incansable trabajo de la Asociación Alfonso I El Batallador, la entidad que coordina un engranaje humano y logístico cada vez más complejo, integrando a todos los estamentos de la ciudad para garantizar el rigor y el lucimiento de la fiesta.

El peso de la historia sobre las tablas
El núcleo central de las recreaciones teatrales se vivió con especial intensidad en escenarios emblemáticos de la ciudad, destacando los  actos desarrollados en la histórica iglesia de San Pedro de los Francos o la cita de clausura en la plaza del Olivo. Sobre las tablas se interpretaron pasajes cruciales como los juicios de agua y los  fueros de Calatayud, el conjunto de privilegios y normas con los que, en plena Reconquista, se buscaba atraer y fijar población cristiana en los territorios conquistados.
Uno de los momentos más emotivos y cargado de simbolismo llegó el domingo por la mañana con la representación del llamado 'abrazo por la paz entre culturas'. Esta puesta en escena escenificó la coexistencia pacífica que mantuvieron cristianos, musulmanes y judíos en la localidad durante parte de la Edad Media. José Luis Frisa, presidente de la asociación organizadora, recordaba el trasfondo de estos hechos: "Fue un momento crucial para Aragón y con sabiduría, para asentar población, el rey otorgó una serie de beneficios fiscales y de condiciones digamos 'ventajosas', como en otras zonas, para que hubiera habitantes”. Ahora podría hablarse de luchar contra la despoblación.
“La verdad es que hemos terminado muy contentos como organización, la valoración es muy positiva, con un fin de semana con mucha afluencia de personas visitando el casco histórico, el mercado medieval y todo ello a pesar de la tormenta del sábado”, destaca el presidente de la asociación, José Luis Frisa.

Un año con Javier Bona como Caballero de Honor de estas Alfonsadas.


Un impacto económico que roza el lleno
El tirón popular de la fiesta se ha dejado notar de forma contundente en la economía local. Según los datos oficiales facilitados por el Ayuntamiento de Calatayud, la ciudad registró un sobresaliente 93% de ocupación hotelera desde la jornada del viernes hasta el domingo. Este flujo continuo de visitantes llenó las habitaciones de los principales establecimientos de la localidad, entre los que destacan el Hotel Fornos, Hotel Marivella, Hotel La Dolores, Hotel Arco de San Miguel, Globales Hotel y el Hotel Benedictino.
Esta notable afluencia se mantuvo firme incluso frente al mayor inconveniente del fin de semana: la severa tormenta que descargó el sábado por la tarde, dejando más de 20 litros por metro cuadrado en un breve lapso de tiempo. La lluvia obligó a retrasar unos veinte minutos el desfile principal, pero apenas causó incidentes reseñables más allá de algunos problemas en  dos jaimas que los propios componentes volvieron a levantar con rapidez. "El desfile se retrasó unos veinte minutos, pero no hubo mayor problema. La actuación del vasallaje estuvo muy, muy bien", rememoraba Frisa, añadiendo que "algunos daños en alguna haima por la tormenta se pudieron solventar" de inmediato.

Un campamento vivo en el casco histórico
Las Alfonsadas han vuelto a demostrar su inigualable poder de convocatoria. El Casco Histórico de Calatayud se transformó en una villa del siglo XII gracias al despliegue de un centenar de puestos en el mercado medieval y la instalación de 27 jaimas que dieron cobijo a cerca de 900 integrantes de las distintas agrupaciones. A ellos se sumaron cerca de 90 recreacionistas especializados llegados de diversos puntos, que aportaron vistosidad y rigor histórico a cada desfile y combate simulado.
La valoración de la mayor parte de los puestos del Mercado Medieval también ha sido positiva a pesar de la tormenta y del partido del Mundial jugado por España.
En suma, un fin de semana de diversión, de recuerdo a un pasado histórico y de una realidad que nos sugiere el asentamiento de unas fiestas importantes para la ciudad. Todo ello a través del trabajo de una Asociación con es la de Alfonso I El Batallador.

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