Calatayud, sobre las huellas de Roma hacia el Camino de Santiago del Levante

Montaje del Castillo de Ayud y una calzada romana

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La ciudad refuerza su papel histórico como cruce de caminos mientras acoge a un grupo de peregrinos que recorre la ruta entre Sagunto y Burgos


Calatayud no figura entre las  etapas del Camino de Santiago más conocido, pero su papel en la historia de las comunicaciones explica el por qué sigue siendo un lugar de paso natural. Mucho antes de que existiera la peregrinación jacobea, este territorio ya articulaba desplazamientos a gran escala. La clave está en su pasado romano y en la antigua Bílbilis, situada a escasa distancia del núcleo urbano actual, y en su día uno de los enclaves más importantes en la Península Ibérica.
Desde aquel municipium partían calzadas que conectaban el valle del Ebro con la Meseta y el litoral mediterráneo. No eran simples caminos locales, sino infraestructuras pensadas para vertebrar el territorio, un verdadero eje de comunicaciones. Una de esas vías enlazaba con la zona de Sagunto y atravesaba el corredor natural del Jalón, un paso que ha mantenido su vigencia durante siglos. Por él circularon comerciantes, ejércitos y viajeros en época romana; más tarde, en la Edad Media, lo hicieron también quienes se dirigían hacia Santiago.
Las rutas, en realidad, no desaparecen. Se transforman. Cuando la peregrinación compostelana empezó a consolidarse, especialmente a partir del siglo X, los caminantes aprovecharon trazados ya existentes. Para quienes partían del este peninsular o incluso llegaban desde Italia por el Mediterráneo, el itinerario que atravesaba el actual territorio bilbilitano ofrecía una combinación de lógica geográfica y seguridad. No era una vía principal como el Camino Francés, pero sí una alternativa constante, discreta y sobre todo, muyfuncional.
Con la decadencia de Bílbilis, el protagonismo se desplazó a la Calatayud islámica, que heredó su posición estratégica. La ciudad continuó siendo punto de encuentro de caminos, lugar de abastecimiento y referencia para el viajero.  Hoy se traduce en su integración dentro del llamado Camino de Santiago del Levante, una ruta que arranca en la costa mediterránea y conecta con los grandes ejes jacobeos del norte peninsular.

Ruta del Levante
Se trata de un itinerario de casi 600 kilómetros hasta Burgos, organizado en 22 etapas a pie —de entre 20 y 25 kilómetros— o en recorridos más reducidos para ciclistas y jinetes. Parte del kilómetro cero situado en Sagunto y avanza por el interior, atravesando localidades como Barracas, Cella, Calamocha o Cervera de la Cañada antes de alcanzar Soria. Desde allí continúa hacia Burgos, donde enlaza con el Camino Francés y la Ruta de la Lana.
A diferencia de otros trazados más populares, este camino presenta características propias. Es menos transitado, lo que lo convierte en una opción atractiva para peregrinos que buscan tranquilidad y una experiencia más introspectiva. También exige mayor planificación: la distancia entre núcleos de población puede ser considerable y la infraestructura de albergues no siempre es abundante. A cambio, ofrece una gran diversidad paisajística, desde los entornos mediterráneos hasta la sobriedad de la meseta castellana, pasando por sierras, parameras y valles agrícolas y con la posibilidad de poder disfrutar del valle del Jalón y sus afluentes.
En ese contexto, Calatayud desempeña un papel claro como inicio y final de etapa. Su ubicación en el valle del Jalón la convierte en un punto lógico de descanso y reorganización del viaje, igual que lo fue hace siglos. Esta semana, ese papel ha cobrado actualidad con la llegada de un grupo de 64 peregrinos que recorren el trayecto entre Sagunto y Burgos.

Visita de un grupo de peregrinos
El grupo hizo parada en la ciudad y fue recibido en el Ayuntamiento en un encuentro institucional celebrado al mediodía. El secretario de la asociación que impulsa esta ruta, Gregorio Gámez, entregó al alcalde, José Manuel Aranda, un azulejo con el símbolo del camino y el nombre de Calatayud como localidad colaboradora. El gesto simboliza el vínculo entre la ciudad y este itinerario cultural, así como el interés por consolidarlo y darle mayor visibilidad.
Durante la recepción se puso de relieve la importancia de seguir señalizando y promocionando este trazado, reconocido como Itinerario Cultural Europeo. No se trata únicamente de atraer peregrinos, sino de recuperar y poner en valor una red de caminos con más de dos mil años de historia.
Porque, en esencia, eso es lo que ocurre en este tramo del Camino de Santiago. Quienes hoy avanzan con mochila y credencial siguen, sin saberlo muchas veces, el mismo eje que ya utilizaban los romanos. Un corredor que no ha dejado de estar en uso desde entonces y que encuentra en Calatayud uno de sus puntos clave.

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