El Museo de Calatayud acogerá de forma temporal la emblemática escultura de mármol de Paros procedente de Zaragoza, en una jornada donde también se rendirá homenaje al arqueólogo Manuel Martín Bueno.
El emperador Claudio ya descansa de nuevo en la tierra que lo custodia desde la Antigüedad. Tras un traslado blindado bajo la custodia de la Policía Nacional, el histórico busto románico ha quedado instalado en el Museo de Calatayud, donde permanecerá expuesto mientras se prolonguen las obras de reforma integral en el Museo de Zaragoza, su sede habitual desde el siglo XIX.
La llegada de esta pieza supone el reencuentro de la comarca con una de sus joyas arqueológicas más valiosas. La inauguración oficial tendrá lugar el próximo 3 de septiembre, en un acto que se completará con un sentido homenaje al profesor Manuel Martín Bueno, exdirector de las excavaciones de Bílbilis, fallecido el pasado 6 de agosto.
Una historia de supervivencia: del azadón del labriego al mecenazgo del conde
El viaje de este retrato imperial es tan singular como la propia pieza. Nos traslada a 1662, cuando un agricultor de Huérmeda que labraba las tierras sobre las que se asentaba el antiguo municipium de Bílbilis tropezó en el arado con un gran bloque de mármol. Tal como recogió el historiador Vicente de la Fuente, el labriego, guiado por la superstición o la simple ignorancia, destrozó a golpes de azadón la estatua original de cuerpo entero.
Por fortuna, la cabeza logró sobrevivir al destrozo. Fue don Miguel Martín de Villanueva, segundo conde de San Clemente, quien rescató la efigie y encargó al escultor Franco la talla del torso actual para rearmar la figura. En 1664, el busto se ensambló sobre un pedestal de mármol negro de Calatorao con una célebre inscripción latina que resume su periplo: «Bambola me clausit tenebris Bilbilis olim: Laetor ut ex Comitis lumine luce fruar» («Bámbola me condenó a la oscuridad donde otrora estuvo Bílbilis: me alegro de gozar de la luz a partir de que el conde me viera»).
Según destaca Carlos Sáenz Preciado, subdirector del espacio museístico de Calatayud y director del departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Zaragoza, se trata de una obra excepcional: «En Aragón no se ha localizado ninguna otra escultura semejante». Labrada en mármol de la isla griega de Paros, los investigadores sugieren que la pieza fue originariamente un retrato del emperador Calígula que posteriormente se reesculpió para representar a Claudio, formando parte del ciclo estatutario dedicado a la dinastía Julio-Claudia en el foro bilbilitano.
Un regreso que evoca las raíces de la comarca
Este traslado temporal, impulsado por el concejal delegado del Museo, Arturo Ballano, y el propio Sáenz Preciado tras conocer las obras en la capital aragonesa, devuelve la efigie a su entorno original 158 años después de que fuera entregada a la Sociedad Económica de Amigos del País y, más tarde, al Museo de Zaragoza.
El emperador Claudio compartirá vitrina y espacio con los tesoros arqueológicos que la tierra de Bílbilis ha ido devolviendo con el paso de los siglos.