El Museo de Calatayud acoge siete valiosas piezas cedidas por el Museo de Zaragoza en un acto que se transformó en un emotivo y sincero homenaje al gran impulsor del yacimiento de Bílbilis.
La inauguración de la exposición ‘Claudio regresa a Bílbilis 364 años después’ permitió celebrar el retorno temporal a la ciudad de la cabeza del emperador romano y de otras seis piezas de gran valor arqueológico. Sin embargo, el acontecimiento estuvo impregnado de una profunda carga afectiva al convertirse en el primer gran homenaje institucional a Manuel Martín Bueno, catedrático y referente indiscutible de Bílbilis, fallecido el pasado mes de agosto.
El acto contó con la presencia de su viuda, Marisa Cancela, a quien el alcalde de Calatayud, José Manuel Aranda, entregó un ramo de flores en nombre de toda la ciudad. Aranda recordó que el profesor, nombrado Hijo Adoptivo de la ciudad, fue el responsable directo de todo lo que hoy se conoce sobre los orígenes del municipio, impulsando las excavaciones continuadas y fundando el propio Museo de Calatayud en 1972. A las palabras del alcalde se sumaron las del director general de Cultura, Pedro Olloqui, y las de su discípulo y subdirector del museo, Carlos Sáenz, quienes destacaron el carácter humano, innovador y afectivo de un docente que hizo de Huérmeda y Bílbilis el hogar de formación para generaciones de arqueólogos.
En esta casa, el recuerdo a Martín Bueno es si cabe más cercano. Durante décadas, "Manolo" fue un colaborador fiel y generoso de nuestro grupo de comunicación, dejando su impronta divulgativa tanto en las páginas del recordado periódico semanal La Comarca como en las publicaciones digitales de calatayudnoticias.com. Su compromiso con la información local y su afán por acercar el patrimonio a los vecinos hicieron de él una figura indispensable en nuestro día a día, siempre dispuesto a compartir sus descubrimientos y sus vivencias con la cercanía que le caracterizaba y con artículos de opinión siempre llenas de una gran responsabilidad social.
Una colección que conecta la historia del territorio
En lo relativo a la muestra, el Museo de Calatayud exhibe desde este jueves un conjunto de siete piezas depositadas temporalmente por el Museo de Zaragoza aprovechando las obras de reforma de la institución provincial. La estrella indiscutible es el busto del emperador Claudio, una escultura de mármol de Paros hallada casualmente en 1662 por un agricultor en Huérmeda. Tras ser mutilada durante su extracción, la cabeza —que reutilizaba un retrato de Calígula— fue adquirida por el noble bilbilitano Miguel Martín de Villanueva, quien mandó recrear el torso y colocarlo sobre un pedestal de mármol negro de Calatorao antes de su posterior cesión a la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País.
Junto a Claudio, la exposición reúne otras piezas de enorme valor histórico procedentes de la antigua colección del conde de Samitier y de intervenciones en el casco urbano. Destacan una cabeza masculina celtibérica de Durón de Belmonte, la inscripción funeraria romana de Mandicus, un fragmento de una caja de perfume (pyxis) con la figura de Eros, así como dos omóplatos con inscripciones en árabe encontrados en la Plaza del Carmen y una jarra islámica rescatada junto a Santa María la Real. Una colección de excepción que vuelve a casa para reencontrarse con los bilbilitanos y para honrar la memoria de quien dedicó su vida a sacarla de la tierra.