Quinto Fulvio Nobilior, quien sería próximo cónsul de la República y por tanto encargado de entablar batalla con los bellos, solicita al Senado algo inusual: modificar la fecha de elección de los cónsules para preparar con más tiempo el asedio a Segeda.
Son distintas las teorías que intentan explicar el por qué de que el año comience el 1 de enero en la mayor parte del mundo, quizás, la más reconocida curiosamente nos lleva a nuestra comarca y la población celtíbera de Ségeda.
La realidad es que el año en el que vivimos y el calendario que organiza nuestros días es una convención impuesta por aquellos que más poder han tenido en nuestra historia. La mayoría del mundo celebra el cambio de año el 1 de enero. Para todos estos países estamos a punto despedir el año 2023 y, he aquí lo importante: entraremos en el 2024 después de Cristo, porque empezamos a contar desde el nacimiento de Jesucristo. Esta circunstancia es la que nos lleva a pensar: si contamos desde el nacimiento del Mesías del cristianismo y se supone que nació el 25 de diciembre, ¿por qué empezamos el año cada 1 de enero? Ésta, es posiblemente la primera pregunta que nos deberíamos hacer.
La mayoría de los investigadores coinciden al afirmar que el inicio del año es herencia del Imperio Romano, aunque por ejemplo en el siglo XIV, el reino de Aragón estableció de manera oficial que el año empezaba el día de Navidad.
Los distintos calendarios a lo largo de la historia se han estructurado por diversos factores como el carácter astronómico y los ciclos naturales, la agricultura, el factor religioso o algo tan simple como el poder. Y es que siempre no ha comenzado el año el 1 de enero.
El 1 de enero
Cuenta la tradición que Rómulo, el legendario fundador de Roma, estableció un calendario de 10 meses y el año empezaba en primavera, en marzo. Esto cambió unos años después, aún en el siglo VIII a. C., cuando, según el historiador Plutarco, el rey Numa Pompilio añadió dos meses al calendario para ajustarlo a las estaciones: ianuarius (enero) y februarius (febrero). Aun así, el año siguió empezando en Roma en primavera hasta el año 153 a. C.
En la antigua Roma se contaban los años desde su fundación, pero también tenían el año epónimo, es decir, en función de los cónsules nombrados . Los cónsules se elegían anualmente en los idus de marzo (el 15 de marzo), cuando comenzaba el año. En el 153 a. C. hubo un general que pidió al Senado adelantar la fecha de nombramientos para que las tropas destinadas a la guerra celtíbera llegaran antes y preparar la campaña de cara a un ataque en primavera. Fue así como se colocó por primera vez el comienzo del año al 1 de enero.
Roma se expandía por Hispania, pero se encontraron con la fuerte resistencia de Ségeda a la que le declaró la guerra. Tanto estaba creciendo este poblado que necesitaron aumentar su territorio construyendo nuevas murallas para su ciudad. Sin embargo, la construcción de esas nuevas murallas estaba prohibida por Roma, tal y como ambos pueblos habían acordado unos años antes tras la Primera Guerra Celtíbera. Los belos no intepretaban ese pacto de la misma forma que los romanos y no cesaron en su intención de construir esa nueva murallas.
Por ello Roma declaró la guerra a Segeda, pero los romanos se encontraron con un serio problema. No tenían soldados suficientes para hacer frente a la batalla. ¿Por qué? Antes de todo esto, el calendario comenzaba en marzo. Era entonces cuando se realizaban las elecciones a cónsul, se formaban los ejércitos y comenzaban las batallas. En esta ocasión, Roma no podía esperar tanto tiempo ya que daba demasiado margen a los celtíberos para construir su muralla y echar un verdadero pulso al imperio romano.
Ante esto, desde Roma se decidió adelantar un par de meses las elecciones a cónsul y la formación de sus ejércitos. De esta forma enero, y no marzo, pasó a ser el primer mes del año marcando así una nueva estructura del calendario romano que ha llegado hasta nuestros días. El Senado accedió y las fechas, en el año 153 a.C. cambiaron para pasar de marzo a enero el arranque de año.
Después vendría el calendario juliano y finalmente el gregoriano, que es el actual desde 1582.