Un colectivo donde chicos y chicas comparten esfuerzo, culturas y amistad, demostrando que el verdadero resultado del deporte va mucho más allá de lo meramente deportivo
Hay equipos que se recuerdan por los títulos. Otros por el espectacular juego que realizan. Equipos que pasan a la memoria colectiva de una sociedad. Y hay otros que se recuerdan por algo más importante: por lo que dejan en las personas que los forman. El Infantil B de la Escuela de Fútbol Base de Calatayud pertenece, sin duda, a este segundo grupo, un colectivo que da ejemplo de convivencia, diversión, deporte y sobre todo amistad, valores que todos deberíamos de poner por delante que lo meramente deportivo.
Quien haya visto entrenar o jugar a estos chicos y chicas sabe que el marcador no siempre les ha sido favorable durante la temporada. Pero también sabe que en este equipo pasan muchas más cosas que lo que reflejan setenta minutos de partido. Poco a poco, entrenamiento tras entrenamiento, han ido encontrando su sitio en el campo y también fuera de él. Y eso, en el fútbol base, tiene un valor enorme: encontrar un espacio en lo deportivo y encontrar una forma de entender la vida. Valores que enseña el deporte.
Este Infantil B está formado por jugadores de primer y segundo año, con edades distintas, procedencias distintas, culturas diferentes y formas diferentes de entender el juego y la vida. Sin embargo, cuando el balón empieza a rodar todo encaja de una manera bastante natural. Como en cualquier equipo, cada uno tiene su papel. Los defensas sostienen al grupo con ese trabajo necesario que casi nunca sale en las crónicas, pero que es imprescindible. El centro del campo pone orden, conecta a unos con otros, igual que lo hace la convivencia entre compañeros que aprenden a conocerse día a día. Y arriba, los delanteros representan esa ilusión que nunca se pierde, esa idea de ir siempre hacia adelante aunque el resultado no acompañe.
Si algo define a este equipo es precisamente eso: la constancia. La de quienes acuden a entrenar cada semana, haga frío o calor, llueva o haga buen tiempo con la misma ilusión. La de quienes siguen corriendo cada balón aunque el partido se ponga cuesta arriba. Y también la de quienes entienden que el fútbol, al final, es una excusa para aprender a compartir tiempo, esfuerzo y alegrías. ¿Porqué no?, también compartir frustraciones y derrotas.
Dos chicas que dan ejemplo
Dentro de ese grupo hay dos jugadoras que merecen una mención especial: Desiré Damota Marco y Sandra Hernández Vera. No porque el resto del equipo no lo merezca, ni mucho menos, sino porque ellas representan muy bien lo que significa amar este deporte. En un deporte que durante mucho tiempo se ha considerado territorio casi exclusivo de chicos, algo que como otras muchas cosas se va normalizando y entendiendo, ellas han demostrado que el fútbol no entiende de etiquetas. Su presencia constante en los entrenamientos, su carácter competitivo en los partidos y el hecho de que cuenten con la confianza para ser titulares en muchas ocasiones —en un equipo con 22 fichas— hablan por sí solos.
Pero más allá de lo deportivo, lo verdaderamente bonito es ver cómo todos ellos comparten mucho más que el campo o el balón. Es habitual encontrarlos juntos en cualquier fiesta o celebración en Calatayud, riendo, hablando y disfrutando del tiempo libre como lo que son: un grupo de amigos.
A veces, en el fútbol base se habla mucho de los equipos que con su juego destacan, sobresalen, esos equipos que ganan partidos, que convencen, de los resultados o de las clasificaciones. Sin embargo, clubes como la Escuela de Fútbol Base de Calatayud se sostienen gracias al trabajo, la ilusión y la entrega de todos sus equipos. También de aquellos que aparecen menos en los focos, pero que cada semana llenan los campos de esfuerzo y de ganas de aprender. Pero sobre todo de una ilusión enorme.
Porque, al final, un club es como un equipo bien organizado: necesita defensas que sostengan, centrocampistas que conecten y delanteros que se atrevan a soñar. Y en ese equilibrio, el Infantil B también juega su partido, y sobre todo sueña. A veces, no se ganan los partidos, no se va por delante en el marcador, pero muchas veces se gana en otros valores y en el esfuerzo de hacer una sociedad más justa e igualitaria. Y es que el deporte, en ocasiones es mucho más que deporte.





