El equipo de la localidad de Aniñón culmina una temporada histórica de menos a más tras batir al Zaragoza CF (0-2) gracias a los goles de Noelia e Inés Marcos y al aliento de una afición entregada.
El fútbol humilde, el de las localidades pequeñas, el de nuestro pueblos, que empujan con el alma, con la ilusión y con las ganas vivió ayer una página brillante en los campos de la Federación Aragonesa de Fútbol. El C.F. Aniñón se proclamó campeón de la Copa en la categoría bronce tras firmar el que, sin duda, ha sido el partido más completo y perfecto de toda su temporada. Las pupilas de un cuerpo técnico que supo leer el encuentro al milímetro tumbaron por 0-2 a un Zaragoza CF que se vio superado por la pizarra y sobre todo por el coraje y ganas de su rival.
El mérito es doble si se mira el retrovisor: el Aniñón se medía a un oponente que le había ganado los dos enfrentamientos previos en liga. Sin embargo, ayer todo lo ensayado se plasmó sobre el verde a la perfección. Tras unos primeros diez minutos de tanteo donde las zaragozanas intentaron asomarse al área contraria, el Aniñón se sacudió la presión, se adueñó por completo del esférico y firmó una actuación coral notable.
Un gol olímpico para abrir el camino
La locura se desató en el minuto 8. Noelia, con una fe inquebrantable, ejecutó un saque de esquina que se envenenó hasta convertirse en un auténtico gol olímpico. Un tanto que levantó a la grada y espoleó a las suyas. Lejos de conformarse, el Aniñón siguió mordiendo en tres cuartos de campo, recuperando balones en zonas de muchísimo peligro y encadenando ocasiones que rozaron el segundo.
La recompensa a la insistencia llegó justo antes del descanso, en el minuto 35. Inés Marcos leyó a la perfección el espacio, se plantó completamente sola ante la guardameta rival y definió con una sangre fría que supuso el 0-2. El estallido del campo ya fue total.
Solidaridad defensiva y un bloque infranqueable
Tras el paso por los vestuarios, el Zaragoza CF movió el banquillo buscando una reacción. Tuvieron más la posesión, pero se toparon con un muro. La línea defensiva del Aniñón, liderada por Ainhoa, Marta, Marilén, Inés y Esther, estuvo sencillamente espectacular, desactivando cualquier peligro y reduciendo los ataques rivales a tímidos disparos lejanos.
En la sala de máquinas, Sonia y Sandra multiplicaron sus esfuerzos para contener las acometidas, apoyadas más tarde por la frescura de Gala. Mientras tanto, en las bandas, el desgaste en la presión de extremos como Elna e Inés fue extenuante. Incluso cuando Noelia dispuso de un penalti para sentenciar definitivamente el choque y el balón no quiso entrar, el equipo no tembló. Las rotaciones funcionaron a las mil maravillas, demostrando la máxima que se respiraba ayer en el vestuario: una Copa no la ganan 11 jugadoras, la ganan las 22 que forman la plantilla.
Mucho más que un trofeo
La victoria refrenda la trayectoria de un equipo que, en su primera temporada en competición oficial, ha ido claramente de menos a más, alcanzando su madurez futbolística en el momento más importante del año.
Pero más allá del título, la final de ayer dejó dos imágenes para el recuerdo. Por un lado, el masivo desplazamiento de la marea de aficionados de Aniñón, que llevaron a las jugadoras en volandas desde el primer minuto en un ambiente festivo y ejemplar. Por otro, el valor simbólico de este triunfo: un altavoz imbatible para la promoción del deporte femenino en el medio rural, demostrando que el talento y la ilusión no entienden de censos ni de fronteras.