El equipo benjamín asciende a Primera y el cadete B se lleva la Copa Provincial tras un fin de semana marcado por las emociones fuertes y el impecable ambiente en las gradas
El calendario futbolístico ponía este fin de semana el punto y final a una intensa temporada para la Escuela de Fútbol Base de Calatayud. Como ocurre siempre en una entidad que gestiona un volumen tan elevado de equipos en el fútbol base del Jalón, el curso se despide dejando tras de sí un balance repleto de momentos brillantes, grandes alegrías y, por supuesto, esos pequeños sinsabores que forman parte inevitable del aprendizaje en el deporte formativo. Este fin de semana se suma al éxito cosechado hace apenas siete días por el equipo infantil, que rubricó un brillante ascenso a Autonómica tras una campaña impecable en la que finalizaron como segundos clasificados.
La deportividad y la ilusión sellan el billete a Primera del benjamín
La matinal del sábado vistió de gala a la Ciudad Deportiva de Calatayud para albergar el definitivo partido de vuelta de las eliminatorias de ascenso a Primera. Los escolares recibían al Ólvega con los deberes bien encarrilados tras el choque de ida, en el que los bilbilitanos habían conseguido un valioso y trabajado colchón de cero goles a dos.
Más allá de lo puramente deportivo, si algo quedará grabado en la retina de los asistentes fue el ambiente de auténtico lujo que se respiró en las instalaciones municipales. Las gradas del Eduardo Marquina ofrecieron una lección magistral de lo que debe ser el fútbol base gracias a la complicidad y el civismo de las dos aficiones. Ataviados con sus respectivos colores, ambos lados de la grada se contagiaron de una sintonía impecable: cada cual alentó a los suyos sin un solo mal gesto, priorizando el respeto y el disfrute de los pequeños por encima de la rivalidad.
Ese clima festivo y de juego limpio se trasladó de inmediato al césped sintético. El Calatayud llevó las riendas del encuentro de principio a fin, desplegando un juego superior que bien pudo traducirse en un marcador bastante más abultado si los chicos hubieran tenido un punto más de templanza, lógicamente restada por los nervios propios de una cita de este calibre. Al final, el solitario gol que certificó el uno a cero definitivo desató la celebración de un ascenso a Primera que premia el esfuerzo de todo el año.
Un muro defensivo y los penaltis coronan al cadete en el día grande del fútbol aragonés
La actividad de la escuela continuó por la tarde para poner el broche de oro a los compromisos oficiales del club presidido por Pedro Pérez. El equipo cadete B se citaba con el Borja B para dirimir el título de la Copa Provincial. El escenario era exigente: las cuatro de la tarde, un termómetro disparado y un calor asfixiante que obligó a los jugadores a un esfuerzo físico extra. Todo ello enmarcado en una jornada masiva para el deporte regional, ya que el Día del Fútbol y del Fútbol Base Aragonés movilizó a 140 equipos para la disputa de nada menos que 72 finales simultáneas entre las modalidades de fútbol y fútbol sala.
La igualdad y el rigor táctico marcaron un encuentro durísimo en el que ninguno de los dos conjuntos logró perforar la portería rival durante el tiempo reglamentario. Tras el empate a cero inicial, la resolución de la Copa se trasladó a la lotería de los lanzamientos desde el punto de penalti. Fue ahí donde emergió la figura de Enrique bajo los palos; el guardameta bilbilitano detuvo una de las penas máximas decisivas, decantando la balanza y otorgando el campeonato al Calatayud por un ajustado 4-3.
La plantilla desbordó una alegría más que justificada sobre el verde, celebrando un título que premia la excelente evolución de un bloque que ha ido claramente de menos a más a lo largo de los meses, cimentando sus éxitos en una estructura defensiva que rayó a mucha altura.
