El gol de Iniesta ya tiene sucesor: la comarca de Calatayud se echa a la calle para celebrar el segundo Mundial

Fútbol
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En todos y cada uno de los rincones de nuestro territorio, la noche del domingo se convirtió en una fiesta inolvidable tras la consecución de la segunda Copa del Mundo para España.


Durante la tarde-noche de ayer, cada bilbilitano eligió su propia manera de vivir, de sufrir y de disfrutar la gran final. Algunos prefirieron la comodidad del sofá en casa; otros se reunieron en bares, terrazas o en las piscinas municipales, mientras miles de personas vibraban juntas en la céntrica Plaza del Fuerte de Calatayud. Da igual la fórmula —en soledad, en familia o entre amigos—, el denominador común fue el orgullo, los nervios de una final dominada pero en la que el gol se hacía rogar, y ese empuje unísono con el que toda la comarca empujó el remate definitivo de Ferran Torres.
El pitido final desató la euforia acumulada. La alegría y un sentimiento de unidad que solo el deporte es capaz de generar recorrieron las calles. Ayer España fue roja, fue blanca, pero sobre todo fue una sola. Esa es la verdadera grandeza del fútbol y de un país capaz de unirse de forma espontánea detrás de un balón.


Distintas formas, un mismo sentimiento
En cada localidad de nuestra comarca la final se vivió con el mismo entusiasmo, aunque con sus propios matices. En algunos municipios el punto neurálgico fueron las piscinas; en otros, la victoria sirvió para poner el broche de oro a las fiestas patronales, y en la mayoría, las plazas se convirtieron en el epicentro de la emoción.
Hoy lunes a más de uno le ha tocado madrugar con bastantes menos horas de sueño de las habituales. Sin embargo, los saludos esta mañana en las calles llevan un toque extra de alegría y una sonrisa compartida. España ha vuelto a tocar el cielo e Iniesta ya tiene sucesor en la memoria colectiva: Ferran Torres.
En Calatayud, tras el desenlace del encuentro, la marea festiva se trasladó a la fuente de las Islas Canarias. Allí, numerosos vecinos no dudaron en darse el tradicional chapuzón, cantar o simplemente contemplar el ambiente festivo. Las banderas de España tomaron ventanas, balcones, plazas y calles, acompañadas por un concierto incesante de cláxones que recordó durante horas que la Selección vuelve a ser campeona del mundo.


El triunfo de un verdadero equipo
La final hizo justicia a lo visto sobre el terreno de juego. España fue muy superior a una Argentina que persiguió un balón que rara vez pudo controlar. Aunque por momentos faltara algo de profundidad por las bandas, lo que sobró fue una idea clara, un estilo reconocible y un manejo del balón impecable.
Esta Selección no ha sido la de una sola estrella, sino la de un colectivo sólido. La fuerza de España en este Mundial ha sido, precisamente, comportarse como un verdadero equipo por encima de cualquier individualidad.
Un triunfo que no es fruto de la casualidad, sino del dominio que el fútbol español lleva tiempo demostrando en todas sus categorías, tanto masculinas como femeninas, desde la base hasta la absoluta. Es el éxito de un proyecto formativo y de una filosofía de juego bien ejecutada.
Toca disfrutar de la satisfacción de volver a ganar un Mundial. Hoy, al cruzarse con cualquier vecino por la calle, regalen esa sonrisa. La ocasión lo merece.

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