Ana López se mide sin complejos a la élite mundial en la prueba de la Copa del Mundo de ciclocross de Namur

Ciclismo y BTT
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La bilbilitana compite en uno de los circuitos más duros del calendario internacional y firma una sólida actuación frente a las mejores corredoras del planeta


Namur volvió a ser Namur. No hizo falta exagerar el barro ni dramatizar las pendientes: la Ciudadela hizo su trabajo, como cada invierno. El trazado belga, el que acumula más desnivel del calendario tanto en subida como en bajada, volvió a convertir la Copa del Mundo de ciclocross en una carrera de supervivencia. Aquí no hay margen para esconderse ni para correr por inercia. Cada vuelta exige atención, técnica, cabeza fría y sobre todo ser muy consciente de las  propias fuerzas.
Este  pasado domingo, la Copa del Mundo hacía parada en una de sus citas más icónicas y esperadas. Un circuito extremo, con rampas imposibles, descensos técnicos y zonas donde el barro convierte cada metro en una auténtica guerra de supervivencia, de trinchera. Un lugar reservado para quienes saben sufrir… y terminar cuidando las fuerzas.

La élite mundial, reunida en la Ciudadela
La prueba reunió a la flor y nata del ciclocross internacional como no podía ser de otra manera, una carrera reservada tan solo para las mejores, para las más fuertes, para las especialistas. En  línea de salida aparecieron nombres que marcan una época: Lucinda Brand, campeona del mundo de ciclocross y doble campeona mundial en carretera; corredoras de la talla de Yolanda Neff, campeona olímpica y mundial de XCO; junto a especialistas contrastadas como Ceylin del Carmen Alvarado, Puck Pieterse o Fem van Empel, en una manga femenina de máximo nivel.
Brand no falló. La neerlandesa volvió a imponer su regularidad y su capacidad para gestionar los momentos clave del recorrido, llevándose la victoria con autoridad tras una carrera medida y sin fisuras. Dominando, como es normal en ella.

Ana López, dando la cara entre las mejores
Entre todas ellas, con dorsal español y acento bilbilitano, se encontraba Ana López. La ciclista de Calatayud afronta su primer año en la categoría sub-23, pero en la Copa del Mundo no hay concesiones: toca competir directamente con las élites. Y en Namur, eso es decir mucho, y aguantar, más.
Lejos de dejarse intimidar por el escenario o por los nombres que la rodeaban, Ana firmó una carrera seria, constante y sin errores. Seis vueltas completas a uno de los circuitos más exigentes del mundo, manteniendo el control en las zonas técnicas y superando las trampas de un trazado que castiga cualquier despiste.
El resultado fue una meritoria 33ª posición, un puesto que cobra aún más valor si se tiene en cuenta que hasta 14 corredoras no pudieron finalizar la prueba, retiradas antes de ser dobladas por la dureza del recorrido.

Un resultado que habla de presente y de futuro
Terminar Namur ya es una victoria silenciosa. Hacerlo con solvencia, en tu primer año en una categoría inferior y frente a campeonas olímpicas y mundiales, dice mucho del nivel y la progresión de esta joven de Calatayud. No hubo gestos grandilocuentes ni titulares fáciles, pero sí una actuación que confirma que la bilbilitana se mueve cada vez con más naturalidad en el escenario más exigente del ciclocross internacional.
Namur no regala nada. Y Ana López salió de la Ciudadela con algo muy valioso: experiencia, respeto y la certeza de que puede codearse con las mejores del mundo. Si, sufriendo mucho, pero en este del ciclocross el sufrimiento está agarrado a la piel de este deporte. A veces, muchas veces, acabar luchando contra las mejores del planeta registra mucha más importancia que posiciones más destacadas ante rivales de poca injundia. No fue el caso, desde luego.

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