El Departamento de Agricultura, Ganadería y Alimentación del Gobierno de Aragón ha recibido la confirmación oficial del Ministerio de Agricultura para emplear una nueva y avanzada herramienta fitosanitaria en la lucha contra la Erwinia amylovora
La Erwinia amylovora es la bactería responsable de la enfermedad conocida como fuego bacteriano, una de las amenazas más graves para los cultivos de fruta de pepita en la región, afectando con especial intensidad a la comarca de la Comunidad de Calatayud. La medida, aprobada de manera excepcional, responde a una situación de riesgo fitosanitario que los métodos convencionales no han logrado frenar desde que la plaga se detectara en territorio aragonés hace más de una década.
La nueva estrategia se basa en la aplicación de productos formulados con bacteriófagos, organismos que actúan de forma específica contra la bacteria patógena sin dañar el cultivo. Según la resolución ministerial, este tratamiento biológico podrá utilizarse en las comunidades de Aragón, Cataluña y La Rioja dentro de un periodo comprendido entre el 15 de marzo y el 12 de julio de 2026. Durante estos meses, todas las intervenciones en las explotaciones agrarias deberán realizarse bajo la estricta coordinación y supervisión de las autoridades competentes en materia de sanidad vegetal de cada autonomía.
El protocolo establecido para los agricultores limita el uso de estos bacteriófagos exclusivamente a las plantaciones de peral y manzano. El momento idóneo para su aplicación se sitúa generalmente entre los estados fenológicos de floración y madurez, aunque la normativa permite su empleo en situaciones de especial vulnerabilidad, como ocurre tras tormentas de granizo o cuando se activan alertas por daños estructurales en el tejido de los árboles. Para maximizar la eficacia biológica de estos productos, los servicios técnicos recomiendan realizar los tratamientos preferiblemente al comienzo de la noche, evitando así la degradación de los principios activos por la luz solar.
La urgencia de esta autorización se justifica por la agresividad del fuego bacteriano, una enfermedad que provoca una necrosis fulminante en hojas, flores y ramas, dándoles un aspecto ennegrecido similar al de una quemadura. Su capacidad de propagación es altísima, ya que se transmite con facilidad a través del viento, la lluvia, los insectos o el contacto con herramientas de poda. Al no existir un tratamiento curativo eficaz una vez que la planta está infectada, y que las consecuencias suelen derivar en el arranque total de los árboles afectados, el uso de fagos se presenta como una alternativa necesaria para proteger el patrimonio y evitar pérdidas económicas difícilis de compensar.
Finalmente, el Gobierno de Aragón ha reafirmado su compromiso con la protección de los cultivos y subraya que esta medida excepcional es una herramienta complementaria para reforzar la sanidad de los frutales de pepita. Los productores que deseen implementar estos tratamientos deben seguir las indicaciones de los servicios oficiales de asesoramiento agrario, garantizando que el uso de los bacteriófagos se realice conforme al marco legal vigente y en las condiciones óptimas de seguridad y efectividad.