Durante este pasado fin de semana vecinos y visitantes han vivido con intensidad las dos localidades en un crisol de creatividad que reivindica la cultura como motor de cohesión y arraigo en el medio rural.
La unión de la veterana muestra de arte itinerante Estoesloquehay en su 23ª edición y el joven proyecto Cetinarte en su 4ª convocatoria, ha convertido a las dos poblaciones de la comarca de Calatayud en epicentro cultural del medio rural aragonés este fin de semana. A lo largo de tres días, vecinos, visitantes y artistas han dado vida a un intenso programa de actividad cultural en el que los proyectos de creación comunitaria, y en estrecha vinculación con la realidad de ambas poblaciones, han tenido especial protagonismo. El ambiente festivo y participativo confirmó el poder de la cultura como motor de cohesión social y arraigo en el medio rural, transformando los pueblos de Cetina y Valtorres en auténticos centros de innovación cultural a través de la implicación activa de sus habitantes en los proyectos llevados a cabo.
Con ‘Agrocromática’ como temática y eje vertebrador de la edición, la muestra comenzaba el viernes con la inauguración de la instalación inmersiva “La ventana al olvido”, de Rebeca Opic, en el espacio Médico Viejo de Cetina. La pieza, que combina escultura y videoarte, invitó al público a reflexionar sobre el paso del tiempo y la España deshabitada desde la emotividad de las huellas que permanecen cuando las voces se apagan y las casas se quedan vacías, la joven artista, que obtuvo con esta instalación el Premio Santander a las Competencias Digitales en Trabajos Fin de Estudios de la Universidad de Zaragoza en 2022, compartió su proceso de creación en los diferentes pases con los asistentes.
El sábado por la mañana, Valtorres abrió sus puertas al taller de escritura “Mi pueblo, mi historia”, del colectivo Ventanas abiertas, que reunió a participantes de diferentes generaciones en el Centro Chesús Bernal para compartir relatos vinculados a la memoria personal y al entorno rural a través de la lectura de extractos de títulos como Yo no se de otras cosas, de Elisa Levi, Tierra de Mujeres, de María Sánchez, Feria, de Ana Iris Simón, Contra la España Vacía, de Sergio del Molino o Memoria de Nieve, de Julio Llamazares.
En este mismo espacio, dentro de la programación de esta muestra de arte conjunta entre Estoesloquehay y Cetinarte, tenían lugar el mes anterior los primeros pasos de “Los Frutos del Tiempo: Memoria, Patrimonio y Cuidados del Paisaje Frutal” laboratorio ciudadano que busca documentar y preservar desde la práctica estética y creativa, el conocimiento tradicional sobre el ciclo de cuidado de los árboles frutales «de altura» o de montaña. Con el pequeño pueblo de Valtorres, como ejemplo paradigmático de estos cultivos que crecen en cotas superiores a los 600 metros de altitud en el que la cereza, la manzana, la ciruela y los melocotones son los protagonistas.
En paralelo, en Cetina, la creación del mural colaborativo “El Huerto” —a cargo de Adrián Pérez (Weldink)— atrajo a numerosos vecinos y visitantes que se acercaron a dialogar y participar en el proceso creativo, transformando la calle Señoría en un espacio de encuentro y trabajo artístico colectivo con un divertido mural como resultado que acompañará el paisaje urbano de la localidad en los años sucesivos.
La tarde del sábado comenzaba con la inauguración en el Espacio Matadero de la exposición fotográfica “El Rito como Pretexto”, de Gonzalo Ibáñez, centrada en las celebraciones y liturgias de Cetina con especial atención a la Contradanza, declaradas Fiesta de Interés Turístico Nacional y de gran relevancia para los cetineros, que se vieron retratados desde la mirada cercana de quien observa la tradición como patrimonio vivo. Las imágenes captaban tanto el dramatismo del enfrentamiento entre contradanceros y el diablo como los momentos más íntimos de preparación, mostrando la fuerza de una tradición que sigue uniendo a toda la comunidad.
Poco después, a las 19:00, se presentó en el espacio El Batán de Cetina “Habitar el Color”, resultado del proceso comunitario impulsado por la artista Laura Esporrín. Había gran expectación por la instalación colectiva y la muestra fotográfica resultante, creadas a partir de la pregunta “¿De qué color es Cetina para ti?”. En este proyecto, iniciado meses atrás, ha sido la histórica fábrica de ladrillos de Cetina, muy ligada al pasado mudéjar y a la memoria colectiva del municipio, el escenario simbólico y espacio donde se desarrolló el proceso creativo de los participantes. Los característicos tonos rojizos y ocres del paisaje circundante, así como los bellos azules que siempre han acompañado a algunas fachadas y revelines - o partes interiores del vano de las ventanas- para dar protección, frescor y también por tradición simbólica contra insectos y malos espíritus, dialogaron con las historias y relatos construidos durante el proceso conducido por la joven artista oscense.
El sábado concluía con la proyección del cortometraje “Un western”, de Diego Aramburu-Zabala, en el Espacio Matadero. La película, ambientada en una Cantabria transformada por el cambio climático, generó un animado debate sobre el impacto ambiental en nuestros paisajes y modos de vida.
El domingo se mantuvo la apertura de todas las exposiciones, permitiendo que el público recorriera los distintos espacios expositivos de Cetina. El ambiente distendido favoreció encuentros entre los artistas que exponían, los vecinos y visitantes, una visión profundamente vinculada a los habitantes del medio rural que caracteriza tanto a Estoesloquehay como a Cetinarte y que ha motivado su confluencia en esta edición conjunta tan especial.
“Con esta edición hemos demostrado una vez más que la creatividad puede crear nuevas miradas en el medio rural desde dentro, haciendo que los vecinos sean los verdaderos protagonistas del proyecto, en contraposición a aquellos que se limitan a hacer uso del medio rural únicamente como marco escenográfico para sus propuestas”, destacó Pablo Pérez Terré, creador y coordinador de Estoesloquehay. Para Elena Martínez Millán, directora de Cetinarte, “Proyectos así no tendrían sentido sin esa implicación vecinal que convierte cada propuesta en un reflejo de lo que somos: un territorio vivo gracias a la creatividad, la memoria y la generosidad de su gente”.
La organización subrayó la gran respuesta del público durante todo el fin de semana y agradeció el apoyo de los Ayuntamientos de Valtorres y Cetina, de las asociaciones locales —Chesús Bernal, Amigos de Valtorres, Mujeres de Valtorres, El Batán y Mujeres del Prado de Cetina—, de la fábrica de ladrillos Marco Barbasán, de Granero Studio y del patrocinio de la Diputación Provincial de Zaragoza.





