181 participantes en una actividad lúdica y no competitiva
El sol apareció sobre Maluenda, tibio y sereno, como si quisiera dar la bienvenida a quienes, mochila al hombro y ánimo despierto, fueron llenando las calles del municipio el pasado sábado. Eran 181 participantes —corredores de zancada ágil y senderistas dispuestos a disfrutar del día— llegados desde distintas comunidades, todos reunidos por una misma razón: emprender la 4ª Andada “La Malondina”, y disfrutar de los caminos, los senderos y los paisajes que nos ofrece esta prueba que lejos de la competición en sí, se centra en la participación y el buen ambiente.
La jornada fue preparada con ilusión por el Ayuntamiento de Maluenda y la Asociación Deportiva Malonda, que este año estrenaron dos rutas nuevas. Los caminos escogidos, compartidos entre los términos de Maluenda y Paracuellos de Jiloca, ofrecían terreno variado: tramos de monte, veredas estrechas, suaves pendientes y la compañía constante del paisaje otoñal, que estos días viste de ocres y dorados el valle bajo del Jiloca, y que tan bonito resulta de recorrer y de disfrutar.
Las dos propuestas —una marcha corta de 11,5 kilómetros y otra más larga de 19— atrajeron sobre todo a senderistas, aunque un grupo de corredores de la comarca se lanzó a cubrirlas con el impulso que da conocer bien estas tierras y sus rincones. Desde primera hora, el ambiente fue de expectación tranquila: en el pabellón municipal se sirvió un desayuno que permitió organizar mochilas, ajustar bastones y compartir las primeras conversaciones antes de que el grupo iniciara la marcha a las nueve en punto.
Ya en el monte, el almuerzo preparado para todos supuso un alto que muchos aprovecharon para contemplar el paisaje sin prisas. Las luces oblicuas de la mañana resaltaban los tonos rojizos de los campos y el curso del Jiloca se adivinaba entre la vegetación, dibujando ese horizonte tan propio de la zona. Fue allí donde más de uno comentó que el senderismo, además de sencillo, tiene la virtud de acercar a la gente y de mostrar, paso a paso, el valor natural y cultural de cada rincón de la comarca.
Cuando los últimos grupos regresaron a Maluenda, el sol ya estaba alto. Hubo tiempo para recorrer algunas calles, hacer fotografías y conversar con vecinos curiosos antes de reencontrarse todos en el pabellón para la comida. Entre cucharadas y risas se fueron desgranando anécdotas de la mañana: la cuesta que se hizo más larga de lo esperado, el tramo de sombra que agradecieron todos, la sorpresa de un mirador que muchos no conocían, pero sobre todo la alegría de compartir un tiempo en armonía y buen ambiente.
Antes de dar por concluida la cita, la organización quiso reconocer la ayuda del Ayuntamiento y de las empresas que cedieron productos para los sorteos, así como la colaboración de quienes, de una manera u otra, hicieron posible esta edición. La Malondina volvió a dejar claro que no es solo una andada: es un día de encuentro, de paisaje compartido y de esa amistad sencilla que nace cuando se camina en buena compañía.