Las dos localidades de la comarca de Calatayud mantuvieron la tradición de celebrarlo en fecha propia, llenando calles y pabellones de ambiente festivo
El pasado sábado, las localidades de Maluenda y Ateca, en la Comarca Comunidad de Calatayud, celebraron su particular Carnaval. Lo hicieron, como es costumbre en ambos municipios, un fin de semana después de las fechas oficiales, manteniendo así una tradición propia que cada año reúne a vecinos de todas las edades.
Los disfraces volvieron a ser los grandes protagonistas de la jornada. Grupos de amigos, peñas y familias enteras salieron a la calle ataviados con propuestas de lo más variadas, desde personajes clásicos hasta creaciones originales que no pasaron desapercibidas. El ambiente festivo se dejó notar tanto durante el día como en la noche, con música y actividades que animaron el centro de las localidades.
En Ateca, la programación arrancó ya por la tarde. Las calles comenzaron a llenarse de color antes de que la celebración se trasladara al pabellón de fiestas, donde se puso el broche final a la jornada. Este municipio suele destacar por la elevada participación y por la calidad de muchos de sus disfraces, elaborados con esmero y dedicación durante semanas. Cada año, el nivel sorprende y convierte la cita en una de las más esperadas del calendario local.
También en Maluenda el Carnaval congregó a numerosos vecinos, manteniendo vivo un festejo que combina tradición y convivencia. La decisión de celebrarlo una semana más tarde permite, además, prolongar el ambiente carnavalesco en la comarca cuando en otros lugares ya se ha despedido hasta el año siguiente.
El Carnaval hunde sus raíces en celebraciones muy antiguas vinculadas al final del invierno y a la llegada de la primavera. Con el tiempo, la tradición se integró en el calendario cristiano como antesala de la Cuaresma, el periodo de cuarenta días de preparación para la Semana Santa. De hecho, la palabra “Carnaval” se asocia al latín carne vale, que puede interpretarse como “adiós a la carne”, en referencia al ayuno y a las restricciones que comenzaban después.
Más allá de su origen religioso, el Carnaval ha sido históricamente un espacio para la sátira, la crítica y la ruptura simbólica de las normas cotidianas. El disfraz permite adoptar otras identidades por unas horas y favorece un ambiente de libertad y desenfado. En municipios como Maluenda y Ateca, esa esencia se mantiene viva gracias a la implicación vecinal y al carácter participativo de una fiesta que, año tras año, sigue encontrando su lugar propio en el calendario festivo.
