Huevos fritos en la sierra y 250 dorsales, la Vicorada más senderista

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La prueba, organizada por el Club Deportivo Sediles, se celebrará el domingo 22 de marzo con nuevo recorrido y más de cien inscritos cuando aún faltan semanas para el cierre de las inscripciones



La conversación arrancaba hoy martes en los micrófonos de COPE Calatayud, casi como quien habla de algo que forma parte del calendario sentimental y deportivo de la comarca. La Vicorada cumplirá este año su décimo novena edición y volverá a llenar de botas y mochilas la sierra  Vicor el próximo 22 de marzo.
Frente al micrófono de la emisora comarcal bilbilitana se encontraba Jesús Amaro, presidente del Club Deportivo Sediles y uno de los nombres propios de esta andada que ha crecido paso a paso. Lo contaba con la naturalidad de quien lleva meses dándole vueltas al recorrido y con la simpleza y cercanía que caracteriza a Amaro: “este año hay cambios y se notarán”.
La principal novedad está en el trazado. Menos pista y más senda. Más monte. La distancia también se ajusta: la ruta larga pasa de los 25 kilómetros habituales a 20, mientras que la corta se queda en 13. La primera acumulará alrededor de 750 metros de desnivel positivo y coronará el Pico del Rayo; la segunda rondará los 500.
No es una prueba para improvisar sin haber andado antes, pero tampoco exige heroicidades. “No hace falta ser un Ironman”, vino a resumir Amaro. Basta con tener costumbre de caminar y respeto por las subidas.

Del Pico del Rayo al Pozo de los Neveros
Las dos rutas compartirán salida desde el pueblo, aunque a distinta hora. La larga arrancará a las 8:30; la corta, a las 9:30. Desde ahí, el camino se abre hacia la zona de San Martín, el barranco del mismo nombre y los Castillejos antes de afrontar la subida al Pico del Rayo. Después, el paso por las antenas y el descenso hacia el Pozo de los Neveros.
Allí espera uno de los sellos inconfundibles de la Vicorada: el avituallamiento de huevos fritos. Sí, huevos fritos en mitad de la sierra. Es parte también de la identidad de la prueba. Muchos participantes la recuerdan precisamente por eso.
Hay quien prefiere seguir tirando de geles y agua y dejar la comida fuerte para el final, pero la imagen de senderistas con plato en mano antes de emprender la bajada ya forma parte de la historia de la andada. Además, el tramo que queda después es descendente, lo que siempre ayuda.

Un pueblo entero detrás de la prueba
Si algo quedó claro en la entrevista es que la Vicorada no la organiza solo un club. La organiza un pueblo. El Ayuntamiento de Sediles cede espacios y medios; la alcaldesa, María Carmen Pablo, se implica también en la cocina; concejales, voluntarios y vecinos marcan sendas, preparan desayunos, ordenan aparcamientos y atienden los avituallamientos.
El marcaje se realiza en los días previos y, conforme pasa el último participante, se retiran las cintas para no dejar rastro en el monte. Es una cuestión de cuidado y de respeto por la sierra.
La llegada estará señalizada hasta las piscinas, donde los participantes recogerán su bolsa del corredor y podrán comprobar si su dorsal tiene premio gracias a la colaboración de empresas de la zona. Después, en el pabellón, comida conjunta y bebida para reponer fuerzas.

Plazas limitadas y buen ritmo de inscripción
La organización ha fijado un máximo de 250 plazas, en buena medida por la capacidad del pabellón donde se celebra la comida final. El precio es de 16 euros y las inscripciones permanecen abiertas hasta el 20 de marzo a través de la web municipal.
El ritmo invita a no dormirse: cuando aún faltan semanas para la cita, ya se ha superado el centenar de inscritos, una cifra poco habitual a estas alturas. Otros años, la mayoría esperaba a la última semana.
La fecha, a comienzos de primavera, parece haber convencido. Tras años celebrándose en verano —con quejas por el calor y coincidencia con otras pruebas—, marzo ofrece temperaturas más suaves. El único temor es el tiempo. El año pasado la lluvia y la nieve obligaron a modificar el recorrido sobre la marcha para evitar riesgos en la bajada del pico.

Un reconocimiento que aún se recuerda
Hace unos años, la Vicorada fue distinguida como una de las mejores andadas del calendario aragonés por la Copa, que valora recorrido, organización y ambiente. Amaro  recordó lo que supuso para el equipo: un respaldo al trabajo silencioso de muchas personas.
Con o sin galardones, la esencia sigue siendo la misma. Caminar por la sierra de Vicor, compartir mesa al final y mantener viva una cita que ya forma parte de la identidad de Sediles.
En la despedida, en antena, Jesús Amaro lanzó una invitación sencilla: acercarse, calzarse las botas y disfrutar del monte. La sierra, estos días, luce especialmente verde después de las lluvias. El 22 de marzo volverá a llenarse de pasos.

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