La Semana Santa llenará de actividad las calles del municipio y culminará el 4 de abril con la escenificación popular de la Pasión, uno de los actos más esperados de la Semana Santa en la Comarca de Calatayud
Cada año, cuando se acerca la Semana Santa, en Maluenda hay momentos que se esperan y que mezclan la devoción, con el sentimiento llegando a lo más profundo del corazón de los creyentes e incluso de aquellos que carecen de fe: el sonido de las marchas procesionales, el silencio de las procesiones nocturnas y, sobre todo, esa representación en la que los propios vecinos vuelven a contar las últimas horas de Jesús como si estuvieran sucediendo otra vez. Este año la programación volverá a seguir ese mismo camino, paso a paso, hasta llegar al 4 de abril.
Este próximo sábado 28 de marzo será el primer aviso. A las 18.30 horas, la Banda Municipal La Prosperidad abrirá la programación con un concierto de marchas procesionales en el convento de las Madres Carmelitas.
El domingo 29 llegará uno de los momentos familiares y de más alegría. La procesión de Domingo de Ramos volverá a recorrer las calles con la imagen de Jesús sobre el borrico y los vecinos caminando detrás con ramos de olivo bendecidos. Es una escena tranquila, casi luminosa, como aquella entrada en Jerusalén que parecía el inicio de algo grande. Ese mismo día tendrá lugar también la Exaltación del Tambor y el Bombo, cuando el sonido empieza a tomar protagonismo y el ambiente cambia poco a poco.
La noche del Jueves Santo, el 2 de abril, ya es distinta. A las 23.00 horas saldrá la procesión del Cristo de la Columna desde la iglesia de Santa María. Las calles se quedan en silencio, los pasos avanzan despacio y todo parece ir más lento como si el tiempo se detuviera en cada rincón de la localidad. Después, pasada la medianoche, llegará la rompida de la hora. El sonido de los tambores y los bombos romperá la noche al mismo tiempo, como si el pueblo entero despertara de golpe. En un instante se pasa de la quietud y la calma al estridente ruido de tambores.
El Viernes Santo llegará con la procesión del Santo Entierro, el acto central de la Semana Santa en Maluenda. Tras los oficios, las cofradías, los portadores de los pasos y los vecinos acompañarán el recorrido en un ambiente de recogimiento que cada año se repite con la misma emoción. El silencio pesa más, la marcha es más lenta y la sensación es que todo conduce a ese momento final en el que el pueblo se queda en calma.
Cuando la Pasión vuelve a suceder en la plaza
Pero hay un día en el que la historia deja de contarse y vuelve a ocurrir. Será el sábado 4 de abril, a las 20.30 horas, en la plaza Benito López de Maluenda. Allí no habrá espectadores y actores separados por un escenario. Habrá vecinos interpretando a otros vecinos que, hace siglos, también estaban mirando.
La representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús se ha convertido en uno de los actos más esperados porque no se vive como una función. Empieza todavía con luz, como empezó todo. Poco a poco el ambiente cambia, llega la tensión del juicio, la subida al Calvario, las miradas, el silencio. Y cuando cae la noche, la escena de la crucifixión ya no parece una representación, sino algo que está pasando otra vez.
Quienes participan no son actores profesionales. Son personas del pueblo que cada año vuelven a ponerse en la piel de esos personajes y que han convertido esta escenificación en una tradición que se siente cercana, casi personal. El público tampoco mira de lejos: acompaña cada escena como si formara parte de ella. Lo vive, lo sufre, y sobre todo siente la incomprensión de un hombre, de un Dios, que llegó para salvar a la humanidad.
Por eso la organización anima a acudir el 4 de abril. No solo para ver una representación, sino para vivirla desde dentro. Porque en Maluenda la Pasión no se cuenta únicamente en las procesiones o en los actos religiosos. También se revive en la plaza, con vecinos que vuelven a dar forma a aquellas últimas horas y con un pueblo entero que vuelve a quedarse en silencio cuando todo termina. Una demostración de un sentimiento en tiempos en los que precisamente los sentimientos no suelen aflorar mucho.