Una representación que junto al Vía Crucis nocturno o la procesión de los judíos marcan la Semana Santa de esta localidad
La Semana Santa se vive de una forma muy especial en cada uno de los rincones de nuestra Comarca. En cada lugar, en cada pueblo con sus momentos de máxima devoción, con el sentimiento a flor de piel y con la implicación de muchos de los vecinos. Recorrer cada una de las localidades es complicado, pero con este artículo arrancamos un pequeño repaso por alguna de las localidades de nuestra zona, comenzando en Ibdes.
La Semana Santa en Ibdes vuelve a convertirse cada año en una de las celebraciones más especiales de la comarca de Calatayud.
Entre los actos más llamativos se encuentra el Vía Crucis que recorre las calles del pueblo cuando cae la noche. En esta representación, un vecino encarna a Jesús y avanza cargando una cruz de madera por el casco urbano. El ambiente se vuelve solemne: apenas se escuchan los pasos de los participantes y el sonido de bombos y tambores que acompaña el recorrido. Este acto recuerda el llamado Vía Crucis de los “Terceroles”, en el que los participantes recorren las calles iluminadas únicamente por candiles, creando una escena de gran intensidad emocional.
Otra de las estampas más singulares llega el Jueves Santo con la conocida como Procesión de los Judíos. Tres figuras vestidas con túnicas rojas y el rostro cubierto con capuchas negras recorren descalzas las calles mientras arrastran cadenas. Su presencia simboliza el sufrimiento y forma parte de un ritual que se mantiene vivo desde hace generaciones, acompañado por trompetas de cristal y otros elementos tradicionales.
El “abajamiento”
Pero si hay un momento especialmente esperado por vecinos y visitantes es el que tiene lugar el Viernes Santo: “El Abajamiento”. Tras los oficios religiosos, el interior de la iglesia se convierte en escenario de una representación que recrea el momento en el que el cuerpo de Cristo es bajado de la cruz. La imagen utilizada es un Cristo articulado de tamaño natural que se encuentra clavado en el madero y cubierto por un velo oscuro.
Cuando el sacerdote da la orden, comienza la escenificación. Los personajes que representan a los Santos Varones retiran la cartela del INRI, la corona de espinas y los clavos mientras las imágenes de San Juan, la Virgen y la Verónica presencian la escena. Se trata de una ceremonia cargada de simbolismo y realismo que, es una de las pocas representaciones de este tipo que se conservan en Aragón.
Una vez desclavado, el cuerpo es depositado en la llamada “Cama” y comienza la procesión del Santo Entierro. Los pasos recorren las estrechas calles de Ibdes hasta llegar a la Plaza Mayor, donde se escenifica el entierro de Cristo en un ambiente de profundo silencio que solo se rompe por cánticos tradicionales y música procesional.