El último aliento en Maluenda al caer la noche

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El pasado sábado, la plaza Baja se transformó en un escenario vivo donde vecinos y visitantes compartieron emoción, fe y memoria en una representación única de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo


Con el sol escondiéndose en el horizonte, comenzaba el sábado pasado en la plaza Baja de Maluenda, bajo la atenta mirada de los que no quisieron perderse esta actuación, algunos sentados, otros de pie, la representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, uno de los actos más reconocidos en la Semana Santa de nuestra Comarca, que tienen como protagonistas a todos los actores que intervienen y que con maestría y mucho sentimiento nos conducen a través de las últimas horas de Jesús. El aire aún guardaba el calor del día, pero la luz comenzó a inclinarse, dorando la piedra y preparando el escenario sin necesidad de telones ni escenarios de postín.
Cuando la representación arrancó, el tiempo pareció arrugarse. Ya no era abril ni era sábado: era otra historia, repetida año tras año, pero nunca igual. Los primeros compases trajeron la entrada en Jerusalén, los gestos conocidos, las voces que no buscaban perfección sino verdad. Eran vecinos, rostros cotidianos que se transformaron en personajes sin dejar de ser quienes eran. Esa mezcla —lo cercano y lo sagrado— fue, quizá, lo que más conmovió. La luz se fue apagando con una precisión casi teatral. Nadie la dirigía, pero parecía ensayada. El cielo se tiñó de tonos más fríos y la fachada de la iglesia de Santa María empezó a imponerse en el fondo, como si también formara parte del reparto. No hubo decorado capaz de competir con ese frontón que ahora sostenía la escena más dura.
La crucifixión llegó ya de noche. Y entonces todo cambió. El silencio se volvió más denso, más consciente. Todos acompañando a estos actores de Maluenda que durante mucho tiempo ensayaban lo que en ese momento estaban representado. Una escena alejada de la espectacularidad y rayando en la crudeza de un instante que caló en lo más hondo de los que la presenciaron. Una transformación a tiempos pretéritos que incluso parecieron estar acompañada de los olores de otra época. Un relato que no tan solo se vio, sino que se sintió.
Alrededor, la plaza estuvo llena. Gente de Maluenda, sí, pero también de la comarca, de pueblos cercanos que sabían que allí ocurría algo distinto.  No se trataba de una función al uso sino una demostración salida del corazón de estos actores que durante ese tiempo compartieron espacio y emoción con todos los que la presenciaron.
Caída la noche, el pasado sábado, la plaza Baja de Maluenda volvió a convertirse en la historia del redentor y de alguna manera todos terminamos sufriendo ante el buen trabajo de estas gentes de Maluenda que año tras año nos recuerdan estas últimas horas de Jesús, pero sobre todo nos recuerdan la alegría de la resurrección.
Y sobre todo una recomendación: de mantener la representación se trata de una actividad que nadie de la Comarca Comunidad de Calatayud se debería de perder. Sorprende, entusiasma y no deja a nadie indiferente.

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