La Comarca de Calatayud afronta un fuerte envejecimiento y un elevado riesgo de despoblación rural

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Más de la mitad de los municipios presentan riesgo alto o extremo mientras la capital comarcal actúa como principal sostén demográfico


La Comarca de Calatayud atraviesa un profundo desafío demográfico marcado por el envejecimiento de su población y la pérdida progresiva de habitantes en el medio rural. Los datos del Instituto Aragonés de Estadística (IAEST) reflejan una realidad desigual: mientras la ciudad de Calatayud mantiene cierta estabilidad, (aunque aumentando también el envejecimiento de la población) la mayoría de municipios rurales avanza hacia escenarios propios de despoblación estructural.
El análisis demográfico correspondiente a 2024 muestra que, excluyendo la capital comarcal, el territorio presenta una pirámide poblacional claramente regresiva. Apenas entre un 9% y un 11% de los habitantes tiene menos de 14 años, frente a un 30%–36% de población mayor de 65 años, una proporción muy superior a la media nacional.
La población infantil en el conjunto de la comarca sin Calatayud se sitúa en torno al 5–10% en numerosos municipios, alcanzando como máximo valores cercanos al 12–15% en los más dinámicos.
En paralelo, la población mayor presenta una media aproximada del 33%, una cifra muy superior a la media nacional, que ronda el 21%. Este desequilibrio evidencia una estructura demográfica regresiva en la mayor parte del territorio rural.

Un territorio con tres velocidades demográficas
La evolución poblacional no es homogénea dentro de la comarca. El estudio permite distinguir tres grandes realidades.
En los municipios más pequeños la situación es especialmente delicada. Localidades como Mara, Orera, Campillo de Aragón, Sisamón, Berdejo, Godojos, Calmarza o Contamina por citar algunos ejemplos registran porcentajes de población mayor cercanos o superiores al 40%. En muchos de estos pueblos la presencia de menores es mínima y la pérdida de habitantes se mantiene desde hace décadas.


Un segundo grupo lo conforman municipios con envejecimiento elevado, entre ellos Paracuellos de Jiloca, Cervera de la Cañada, Malanquilla, Villalba de Perejil, Torrijo de la Cañada o Sediles. Entre el 30% y el 40% de sus vecinos supera los 65 años, lo que evidencia dificultades para garantizar el relevo generacional y mantener servicios básicos a medio plazo.


Por último, existen localidades con una situación relativamente más equilibrada, como Ateca, Alhama de Aragón, Maluenda, Aniñón, Morata de Jiloca o Munébrega . La presencia de actividad industrial, servicios o turismo termal contribuye a sostener población activa, aunque sin revertir la tendencia general de envejecimiento.


Escasa población infantil y envejecimiento generalizado
La debilidad de la base juvenil constituye uno de los principales indicadores de riesgo demográfico. En numerosos municipios rurales, la población infantil apenas representa entre el 5% y el 10% del total, cifras que dificultan la continuidad demográfica futura.
En paralelo, el peso de la población mayor alcanza una media cercana al 33%, muy por encima del conjunto de España. Este desequilibrio consolida un modelo poblacional cada vez más dependiente y con menor capacidad de renovación.


Un mapa comarcal marcado por el riesgo de despoblación
El análisis territorial permite clasificar los municipios en distintos niveles de riesgo.
Los casos más preocupantes se concentran en el grupo de riesgo extremo, donde figuran Mara, Orera, Campillo de Aragón, Sisamón, Calmarza, Berdejo, Godojos y Contamina entre otros. Se trata de localidades con baja densidad de población, envejecimiento muy acusado y pérdida sostenida de habitantes.


En riesgo alto se sitúan municipios como Paracuellos de Jiloca, Cervera de la Cañada, Malanquilla, Villalba de Perejil, Torrijo de la Cañada, Sediles, Moros, Jaraba, Embid de Ariza o Monreal de Ariza, donde la evolución demográfica muestra un deterioro progresivo.


Un tercer grupo, catalogado como riesgo medio, incluye Ateca, Alhama de Aragón, Maluenda, Aniñón, Morata de Jiloca, Munébrega,  Sabiñán, Carenas y Terrer, localidades que mantienen cierta estabilidad relativa aunque con tendencia descendente.
Solo Calatayud se mantiene en una situación de riesgo bajo dentro del conjunto comarcal gracias a su peso administrativo, económico y de servicios.


Calatayud, eje demográfico y funcional
La capital comarcal desempeña un papel determinante en el equilibrio territorial. La concentración de empleo, equipamientos sanitarios, educativos y administrativos convierte a Calatayud en el principal polo de atracción de población activa.
Sin embargo, al analizar la comarca sin su capital, los indicadores cambian de forma notable y muestran una realidad cercana a la de otras zonas rurales del interior aragonés afectadas por la despoblación avanzada.


Una situación más acusada que la media aragonesa
El contexto comarcal se inscribe dentro de la dinámica demográfica general de Aragón, una de las comunidades más envejecidas del país. No obstante, la Comarca de Calatayud presenta niveles de envejecimiento superiores a la media autonómica en gran parte de sus municipios rurales.
Mientras Aragón mantiene cierto equilibrio gracias al peso demográfico de Zaragoza y otros núcleos urbanos intermedios, en Calatayud la estabilidad territorial depende casi exclusivamente de su capital, lo que incrementa la vulnerabilidad del medio rural.


Un futuro condicionado por el relevo generacional
Los datos apuntan a un modelo territorial en tensión. La falta de población joven, el envejecimiento acelerado y la concentración de servicios en un único núcleo urbano dibujan un escenario de riesgo sostenido.
El futuro demográfico de la comarca dependerá de su capacidad para atraer población, reforzar la actividad económica y garantizar servicios que permitan fijar habitantes en los municipios rurales, evitando que la brecha entre la capital y su entorno continúe ampliándose.


Umbral europeo de despoblación
    • UE: riesgo si <12,5 hab/km² 
    • Sin Calatayud, la comarca cae a niveles de despoblación severa (~6,3 hab/km²) 

Esto coloca la zona rural al nivel de las regiones más despobladas de España.

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