ATECA.- La fiesta en Ateca como ejemplo de conducta colectiva lúdica

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Desde la Antigüedad, las comunidades agrícolas y pastoriles tenían por costumbre ofrendar a la divinidad algunos de sus mejores productos en señal de acción de gracias por las cosechas recogidas y por la protección recibida ante plagas e inclemencias meteorológicas.


POR FRANCISCO J. MARTÍNEZ
Con el paso de los tiempos, los componentes de un mismo gremio se unieron en cofradías para honrar a un santo patrón, a quien consideraban interlocutor ante Dios Padre, y a quien dedicaban actos religiosos y festivos una vez constituida la nueva junta rectora y aprobadas las cuentas del año anterior.
Completando este sistema, desde los siglos XVIII y XIX, básicamente, se comenzaron a celebrar en nuestros municipios unas fiestas patronales que seguían el modelo de las organizadas por las cofradías, pero ampliando su ámbito a toda la población e incorporando elementos lúdicos nuevos. En esencia, durante estas fiestas patronales, que requerían preparación y organización, se celebraban unos actos religiosos para honrar al patrón o patrona e invocar su protección.
Recordemos al respecto que en Ateca las fiestas se dedicaban en principio a la Asunción de María (15 de agosto) hasta que se consolidaron después con la Virgen de la Pena (8 de septiembre), que era la denominación que adquirió la Virgen del Rosario que, en su peana, era sacada del templo por los fieles en busca de protección contra las tormentas, pedriscos e inundaciones.


En aquellos años se celebraría una novena, a la que asistiría el colectivo de mujeres y los hombres más devotos, si se lo permitían las labores del campo, donde se rezarían las oraciones y el rosario y se cantarían los gozos.
El día de la fiesta habría volteo de campanas, saldría el rosario de la Aurora a hora temprana, y a media mañana se acudiría a la misa mayor, en la cual un predicador de prestigio, venido de fuera, ensalzaría los valores de María, mientras que por la tarde desfilaría una procesión con hombres y mujeres, en filas separadas, a la cual no faltarían las autoridades civiles junto a las religiosas y la banda de música. En la actualidad, cuando la comitiva llega a la plaza de España, los participantes, vestidos con trajes regionales, realizan la ofrenda de flores a la Virgen de la Peana.
Desde antiguo, era costumbre que a la fiesta acudiesen familiares y amigos de fuera de la localidad, los llamados forasteros, por lo que se limpiaban las calles y se arreglaban y encalaban las fachadas. Además, en Ateca se engalanaba la plaza con arcos de hiedra sostenidos por blancos postes que soportaban el escudo de la villa y la cifra numérica con el año del evento.
En esos días marcados, acudían al municipio todo tipo de personas que provocaban la alegría de jóvenes y mayores: churreros, confiteros, fotógrafos y feriantes varios, siendo elemento indispensable en la fiesta la Banda de Música que participaba en dianas, pasacalles, conciertos y bailes en la plaza, donde se podía bailar agarrados.


Entre los actos lúdicos más destacados estaban los partidos de pelota, las carreras de pollos, en paños menores, y de bicicletas. Ya desde el siglo XX contamos en Ateca con comparsa de Gigantes y Cabezudos, en 1957 desfilaría la primera carroza con reina y damas de las fiestas, y desde los años sesenta del siglo pasado se cuenta con las populares peñas que dan colorido al conjunto.
Desde el siglo XIX, cuando concurren las circunstancias favorables, se escenifica un dance compuesto de una representación teatral y unos bailes con cintas y palos, que suponen el esfuerzo colectivo de una parte considerable del vecindario de Ateca que debe aprender largas composiciones poéticas.
Durante esos días, aparte de llevar a cabo comidas y bebidas en abundancia y de rondar y cantar jotas en las bodegas, se lanzaban cohetes y se prendían colecciones de fuegos artificiales, existiendo un evidente vínculo entre fiestas y toros, en un principio con sueltas de animales por las calles, y posteriormente en la plaza de toros, desde que en 1865 Vicente Álvaro construyera en Ateca la plaza de toros de Capuchinos, para la celebración de novilladas con y sin picadores, festivales notables y hasta corridas de toros, dando importancia y riqueza a un municipio como Ateca que, de manera habitual, viene celebrando sus fiestas entre el 7 y 10 de septiembre.

Todas las fotografías que ilustran esta colaboración, son de su libro “Ateca, entre 1.800 y 1.975”, publicado por IFC en 2.011.

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