No, lo malo no es el apartamento, ni la hidroxicloroquina

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid

Entre el cierzo y el bochorno por José Luis Frisa
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Algunos recordarán como un Presidente del Gobierno de Aragón, allá por los años noventa del pasado siglo, fue destituido por comprar un sillón para su vivienda particular con fondos públicos. 

Por una cosa tan nimia José Marco se vio apeado de la presidencia de Aragón, algo que apenas costó unas 80.000 pesetas de entonces (apenas 450 euros actuales).

No importó que fuera el peor presidente de la historia de Aragón, que accediese al poder por una moción de censura vergonzosa y rastrera, que su mandato se caracterizara por la crispación, los modos mafiosos y  las sospechas de corrupción y clientelismo.  Todo ello no importó, lo que le hizo caer fue la compra de un simple sillón.

Traigo esta historia porque muchas veces en los políticos nos fijamos más en los detalles, y en cosas sin aparente  importancia real, que en su acción política.  Se ha criticado algo tan accesorio como que el Presidente del Gobierno Pedro Sánchez no llevara corbata negra, o las vestimentas de algunas ministras, o el modo de dar las ruedas de prensa del magnífico Fernando Simón (que tengan la vergüenza de criticarle, manda....).   Todo cosas accesorias, detalles que no deberían hacernos perder mucho tiempo; y en cambio a veces nos despistan y dejamos de valorar la gestión de gobierno, las medidas tomadas, etc.

En este sentido Donald Trump es un maestro en lanzar declaraciones sin sentido, despistarnos con sus ocurrencias, y mientras aplicar las políticas que le interesan;  y haciendo que los titulares de los medios de comunicación se fijen más en sus salidas de tono que en sus políticas.  Nos quedamos con que recomendó beber lejía, lo del medicamento que decía tomar -hidroxicloroquina-, etc.  Sin embargo apenas nos fijábamos en su nefasta gestión de la pandemia, ni los miles de muertos, ni que al principio no le diera ninguna importancia al coronavirus.   De todo eso se pasaba, y nos quedamos en lo anecdótico,  en lo que podríamos denominar "que no tiene importancia" en contraposición a la acción política real.

Y quería señalar todo ello a raíz de las polémicas que rodean a Isabel Díaz Ayuso, la flamante y chulapona presidenta de la Comunidad de Madrid.
Se ha criticado su traslado a una suite de un hotel privado durante la gestión de la pandemia, con un coste de más de 2500 euros mensuales, que al parecer nadie sabía cómo se iba a pagar, ni había habido transparencia en su contratación. 

Pero si se puede criticar su gestión no es por el traslado al hotel, algo quizás necesario, y que a mí no me parece tan grave, ni supone un gasto tan elevado si miramos el presupuesto de la comunidad.    Es algo accesorio, no es "lo importante".

En cambio esta polémica puede esconder lo que es verdaderamente grave, y no hablar de cosas que sí son importantes, como los recortes en la sanidad pública madrileña, y su gestión durante la crisis.  Así  por ejemplo, Madrid era y sigue siendo la segunda comunidad con menor gasto por habitante en sanidad, y la que destina un menor porcentaje de gasto sobre el PIB a sanidad, con un 3,7%, mientras que comunidades como Murcia o Asturias destinan más del doble de ese porcentaje, un 7,6%.   También es grave que las privatizaciones de algunos hospitales públicos han limitado su capacidad de ser gestionados por la red  sanitaria pública.  Es grave lo realizado con los menús infantiles para los más desfavorecidos.  O ir por libre a la hora de dar los datos,  así como su falta de lealtad institucional, tomando posturas incluso criticadas por miembros de su partido.

Todo ello es lo grave, no nos quedemos en la anécdota del hotel, ni por ejemplo en el caso de Trump nos quedemos en sus declaraciones altisonantes, y sí en cambio nos fijemos en sus políticas neolibeales y proteccionistas.  Asimismo los que quieran criticar a Pedro Sánchez que se fijen en su gestión, en las medidas tomadas, y no en el color de su corbata.

En fin quería con este artículo señalar que a la hora de juzgar a los políticos debemos intentar valorar su gestión, los resultados de sus decisiones, cómo se han enfrentado a las dificultades, y no tanto en si duerme en un hotel, lleva un corbata resultona, o nos parece guapo, gracioso o divertido.    

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