MENTIRA, DESFACHATEZ, E IMPUDICIA: QUE PENA DAN

Vivencias para una crisis por Manuel Martín Bueno
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Opinión. Por el profesor Manuel Martín-Bueno




Muchos ciudadanos repiten, o repetimos, con cada vez mas frecuencia, que el ejercicio de la política se ha convertido en un espacio nauseabundo en el que chapotean demasiados seres cuyo interés por la función que ejercen o deberían ejercer es nulo y su actividad condenable desde todos los ángulos de la moralidad, acorde con la definición que de este vocablo hace la RAE.

Lo malo es que lejos de alzar la voz (o el voto cuando corresponda), parece que nos hemos sumido en una languidez o desgana que produce hastío y a veces hasta una tolerancia hipócrita y cómplice, lo que consecuentemente nos lleva poco a poco al desastre global.

Las condenas, acompañadas con lágrimas de cocodrilo, improperios hacia el contrario si hablamos en términos de panorama político, pero poco más, a lo sumo alguna denuncia ante un poder judicial en el que poco a poco se va desconfiando y no sin razón, es mala cosa, muy mala.

El que una joven de 32 años, desenvuelta, agresiva en lo verbal, gestual y hasta en sus rasgos formales, venga viviendo desde hace más de diez años de la mentira, el engaño y el subterfugio, hasta límites intolerables, nada mas y nada menos que en cargos públicos que deberían ser objeto de reverencia, alcanzando cotas de poder en su partido, hasta que las costuras de éste han saltado; su jefe de filas “ha caído del guindo” y ha tomado medidas acordes con unos principios que deberían ser preceptos inmutables en el ejercicio de la función pública, administrativa, legislativa, etc.,. Quiero decir que o ella era (es) muy lista y atrevida o él y su estructura de la ejecutiva, menos listo de lo que muchos pensaban. Que cada palo aguante su vela.

Falsificar reiteradamente el curriculum vitae, especialmente el académico siempre ha sido algo intolerable y en la Universidad en general, motivo de expulsión inmediata e incapacitación para volver a intentar matricularse en cualquiera de las disciplinas del sistema público de enseñanza y hasta del privado si es conocedor de tamaña inmoralidad. Pero en su entorno no ha sido la primera vez, por lo que sabemos.

Un servidor con más de cuarenta años de docencia universitaria a las espaldas, en diversas categorías y universidades (siempre públicas) nacionales y extranjeras, ha visto de todo y también casos como el que nos ocupa, que algunas veces nos tocó juzgar y otras frenar en seco porque se veía la intención. Pero ahora voy a completar el aserto. A esta joven descarada, inmoral y con una falta absoluta de valores, quien le va a pedir responsabilidades económicas (si, económicas) de los salarios percibidos irregularmente durante todos los años que ha disfrutado de ellos y los privilegios que conllevaban, porque se trataba de dineros públicos, tanto en la administración local, como en el Congreso de los Diputados. Parece que se sustancia su salida (con deshonor como se diría en el ejército de los EEUU), pero cuidando muy bien de garantizar los “dineretes” que la susodicha percibirá por el tiempo de ocupación indecorosa del escaño parlamentario, así como de otros cargos y todos tan contentos. El precedente en curso, de un presidente valenciano en ejercicio, es paradigmático y que nadie se rasgue las vestiduras porque es así.

Lo anterior es de una desfachatez cómplice, que me hace dudar otra vez del rigor con que los partidos dejan entrar en sus filas al primer o primera que pasa por allí ya que les engañan con gran facilidad a unos y otros,  (que todos tienen polvo debajo de las alfombras y otras cosas, sin contar con los y las, que se han ido de rositas o que si tuvieran que pasar por el filtro de la máquina de la verdad, se comprobaría que su grado de compromiso, su lealtad a la causa de los principios que deberían defender es más que dudosa y que tan solo intentan que pase un día más, en una suma interminable, chupando de la borrega pública, viajando y acumulando dietas y comisiones sin que en lo sustancial veamos qué el País avanza en la forma en que los españoles y naturalizados desearíamos que lo hiciese, con más sentido común y justicia social. Por cierto, si fuera posible con JUSTITIA en el sentido clásico de la palabra, mejor todavía.




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