De un mundo de palabra a otro sin ella

Vivencias para una crisis por Manuel Martín Bueno
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Por el Profesor Manuel Martín-Bueno




El presente anda muy acelerado y a los historiadores no nos divierte en absoluto. A los periodistas tal vez, porque lo que salía de la linotipia y ahora del teclado del ordenador, era flor de un día o pocos más. Ya se sabe una noticia tapaba a otra rápidamente o se podía cubrir con algo noticiable que se extraía del baúl de los recuerdos de las redacciones. Ahora no, porque vamos acelerados, el mundo ha enloquecido a causa del dislate de los humanos (no todos), que a este paso no van a dejar títere con cabeza.


CARTAGO Y ROMA FIRMAN LA PAZ EN EL EBRO
Un tratado importante del siglo II a.C. por no irnos más lejos en el tiempo, el Tratado del Ebro, entre Cartago y Roma, estableció las dos zonas de influencia de ambas aprendices de potencias mediterráneas en Iberia (actual Península Ibérica). La cosa terminó mal, I y II Guerras Púnicas, que oscilaron entre la casi caída de Roma en manos de Anibal primero tras la batalla de Cannas, prodigio de estrategia cartaginesa y luego la derrota de los cartagineses en África, en la batalla de Zama, con la caída y destrucción de su capital Cartago (delenda est Carthago)(Ciceron Dixit), que inició la hegemonía de la gran potencia resultante, la República Romana y luego el  Imperio Romano. Si quieren saber mas la I.A. les ayudará gentilmente, aunque no se fíen demasiado.


PAZ DE WESTFALIA Y GUERRA DE LOS 30 AÑOS
En el siglo XVII, la Paz de Westfalia, conjunto de tratados firmados en 1648 en Münster y Osnabrück (Alemania), pusieron fin a la Guerra de los Treinta Años en el Sacro Imperio Romano Germánico y a la Guerra de los Ochenta Años entre España y los Países Bajos.
 Unos cuantos millones de muertos, llevaron a la práctica inanición de los contendientes europeos y al estancamiento global, debido a la escasez de recursos materiales y humanos, a la destrucción generalizada tanto en vidas y haciendas, como en prestigio de los monarcas y dirigentes contendiente, que llegaron a esta solución ante la imposibilidad de alcanzar la supremacía de unos sobre otros. Él tratado puso fin al desastre e inició la filosofía del status quo por el que se marcaban fronteras estables, se determinaba la no injerencia de unos estados en el territorio de otros, respetando fronteras, marcando lo que parecía ser el inicio de una política de la diplomacia por encima de la de la fuerza de las armas. 



EL CONGRESO DE VIENA Y LA LIQUIDACION DE LA LOCURA NAPOLEÓNICA
Saltamos más tarde a la Paz de Viena (Congreso de Viena) en 1815, firmado 9 días antes de la definitiva derrota napoleónica en Waterloo y sus consecuencias, en la que los vencedores, encabezados por el famoso Príncipe Klemens von Metternich, ministro de asuntos exteriores austriaco y destacado diplomático del momento junto al británico Castlereagh, con el fin de alcanzar dos principios, la legitimidad monárquica (es decir la consolidación del absolutismo y el principio del equilibrio de poder entre potencias monárquicas) para asegurar que las ideas nacidas de la Revolución Francesa no iban a resurgir contaminando el sistema establecido en ese momento. Austria, Prusia, Inglaterra y Rusia salieron muy beneficiadas, se repartieron los territorios europeos principalmente, pero no solo. Se reconocieron otros países y se movieron fronteras, para reequilibrar lo que las conquistas napoleónicas habían alterado, aunque muchos otros territorios de menor importancia aprovecharon la ocasión para ver satisfechas sus ansias de poder en mayor o menor grado. Territorios italianos o centroeuropeos, Dinamarca, Países Bajos, Suecia, Polonia, etc., mientras que otros como Portugal o la España del nefasto Fernando VII, demostraron no estar a la altura y sus pretensiones territoriales o los apoyos para frenar la independencia de las provincias ultramarinas (virreinatos americanos), no fueron apoyados por los vencedores de la alianza.
La Restauración monárquica europea asegurada por los monarcas absolutistas, permitiría frenar el liberalismo creciente nacido de la Revolución Francesa. No obstante, las revoluciones posteriores de 1820, 1830 y especialmente la burguesa de 1848, duramente reprimidas, dejaron la imagen de una Europa que distaba mucho de ser un ejemplo de coherencia que todavía arrastramos hoy en día.



EL TURBULENTO SIGLO XX: SOCIEDAD DE NACIONES Y O.N.U.
El siglo XX con sus dos guerras mundiales, 1914-1918 y1939-1945 mostraron con claridad, que el surgimiento de los bloques, las alianzas coyunturales, las sangrías espeluznantes en ambas con millones de muertos y heridos. La caída de la dinastía de los Romanov en Rusia tras la Revolución de Octubre y el nacimiento del Comunismo (Lenin, Trosky, Estalin), el nacimiento del Fascismo en Italia por obra de Benito Mussolini y del Nazismo en Alemania con el delirante Adolf Hitler como protagonista indiscutible, ambos en los años treinta, hicieron saltar por los aires las costuras europeas mal cosidas con anterioridad y especialmente tras las victorias y derrotas en las contiendas aludidas. Mención especial a algunas guerras regionales, como la invasión de Abisinia por los fascistas italianos o la Guerra Civil Española (1936-1939), tras el golpe de estado militar del general Franco y sus partidarios, militares africanistas en particular, con el apoyo de Falange Española creada por José Antonio Primo de Rivera, las J.O.N.S. de Onésimo Redondo, los carlistas vasco navarros y el entusiasta apoyo de las derechas españolas que contribuyeron con entusiasmo a perpetuar el Régimen Franquista hasta el presente, superando con creces la muerte del dictador, en un ejemplo de anacronismo histórico no repetido en otros países del mismo corte como Alemania e Italia, que supieron cerrar las heridas de la guerra con  efectividad.
El Tratado de Versalles de 1919 puso fin a la I.G.M. y como epígono del mismo vio la luz la Sociedad de Naciones nacida en ese momento y radicada en Ginebra con la pretensión de crear un foro internacional por el que las naciones signatarias, 32 en el momento de la creación, se comprometían a resolver por la vía diplomática los contenciosos que pudieran surgir entre estados. Los Estados Unidos de América del Norte, uno de los promotores, no llegó a ratificar su entrada por la negativa a hacerlo del Senado Norteamericano. Lo mismo ocurrió con la no entrada del fragmentado Imperio turco, o de la nueva Rusia surgida de la Revolución de Octubre, por su carácter comunista.
La Sociedad de Naciones funcionó, no exenta de problemas, hasta su disolución en 1945 (fin de la II G.M.) en que la O.N.U. (Organización para las Naciones Unidas) tomó el relevo, continuando en la actualidad como foro internacional de carácter global que ha ido atravesando avatares múltiples y cumpliendo a duras penas las funciones de arbitraje, disuasión e intervención, que le son propias.


¿VAMOS CAMINO DE NADA?
Es la reflexión que millones de habitantes del planeta Tierra nos hacemos a diario conforme la aurora de un nuevo día nos permite constatar que todavía existimos pese a las locuras de jefes, jefecillos y directamente tiranos, mejor que dictadores.
Los acontecimientos de los últimos años, protagonizados hasta el presente por países y gobiernos presididos por: autócratas, dictadores, golpistas y una larga e incalificable lista de adjetivos, que podemos dar a gobiernos que se saltan convenios, tratados, organizaciones internacionales, creadas para evitar eso precisamente, nos deja cada día sumidos en: el desasosiego, la estupefacción, la ira contenida y por supuesto la incomprensión y un temor que agarrota los sentidos y nubla la mente de personas, instituciones y muchos gobiernos.
No damos crédito, o no queremos hacerlo pese a las señales previas que han venido dando desde hace decenios, a los comportamientos de mandatarios como el presidente norteamericano actual, Donald Trump y sus secuaces, el ruso Vladimir Putin, el impertérrito presidente de China y otros acólitos menores, pero no menos peligrosos como el criminal genocida Benjamin Netanyahu de Israel. Anexiones territoriales, intervenciones militares para secuestrar a un dictador de Venezuela como el bolivariano Nicolás Maduro y llevárselo a los EEUU para ser juzgado, con la muerte en la operación de militares y civiles, sin que la respuesta internacional sea posible en la medida adecuada porque Trump, ebrio de poder y soberbia, amenaza a cualquiera que ose contradecir las ideas surgidas de su mente enferma y peligrosa.
Amenazas, extorsiones, coerción, aranceles arbitrarios, deslealtad con sus teóricos aliados, como los miembros de la O.T.A.N., no parecen importarle.  Money is money es su único lema, apoyado sin fisuras por su movimiento MAGA, que terminará volviéndose contra él, tiempo al tiempo, mientras se enriquecen él, su familia y sus amigos del círculo mas próximo, con negocios multimillonarios que arruinan todo lo que se les pone por delante.
La injusta Guerra de Ukrania, detonada por la invasión de la Rusia de Putin, amenaza con desestabilizar aún más a la Europa de los 27, la E.U., que incapaz de dar un puñetazo en la mesa y reaccionar, no da señales de unidad y mucho menos de capacidad de respuesta, tras haber dependido durante decenios del “amigo americano” que ahora dice NO. 
Seguramente nunca conoceremos los acuerdos secretos de esos líderes que ya se han repartido el mundo supeditando sus acciones a intereses bastardos, tolerando genocidios como el de los palestinos en Gaza y Cisjordania. No alzando la voz ante políticas migratorias intolerantes, cuando no asesinas como estamos viendo con deportaciones, confinamientos y otras actuaciones al margen o en contra de leyes internacionales, que directamente no existen para estos nuevos autócratas despiadados, que un día, si hay justicia en el mundo, caerán en sus redes para ser juzgados, aunque seguramente demasiado tarde.
Comprar o invadir países o parte de ellos como ahora la pretensión sobre Dinamarca (Groenlandia), las amenazas a Méjico, Cuba o Colombia, son el principio de este cambio de era, la del multilateralismo por la naciente de las nuevas zonas de influencia apoyadas en el poderío militar y las amenazas potenciales o reales. Lo de la Doctrina de James Monroe, presidente de los EEUU (1758-1831) de América para los americanos que ahora enarbola el cafre gansteril de D. Trump, es un simple y burdo subterfugio para hacer “de su capa un sayo” según la cultura popular española y tenernos acogotados a gran parte de la humanidad. 
La generación silenciosa o de cristal, seguida de la de los boomers, contemplamos en nuestro ocaso como el deseado relevo por los integrantes de la generación X y siguientes tarda demasiado en producirse y tal vez ya sea demasiado tarde. Hombres y mujeres, especialmente las mujeres, tienen en su mano ser artífices de los cambios, pero tal vez el sacrificio que eso supone no les compense y el apoyo en una crisis de valores patente hoy en día, no nos permite atisbar un futuro con más esperanza.

Sirva para terminar el viejo aforismo latino de: “El hombre es un lobo para el hombre”.

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