Aquel 23F no fue un día cualquiera

Vivencias para una crisis por Manuel Martín Bueno
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Por el Profesor Manuel Martín-Bueno




 En aquel agradable febrero cordobés y en el antiguo Palacio del Cardenal Salazar donde se ubica la Facultad de Historias de la Universidad de Córdoba yo impartía docencia en mi condición de Catedrático de Arqueología y se respiraba un aroma a Azahar espectacular. En mi despacho estaba preparando la intervención que debía hacer a las pocas horas para presentar la conferencia del profesor Manuel Tuñón de Lara de la Universidad de Pau (hoy fallecido) titulada: España bajo la dictadura franquista. Como comprobamos no era oportuno el día y no se pudo celebrar el acto. Yo lo debía presentar porque ambos éramos aragoneses y conocidos. Buena gente D. Manuel. 

En esas circunstancias llamó a mi puerta uno de los bedeles que me dijo bastante alterado lo que pasaba en Madrid, en el Congreso de los Diputados. Yo le contesté que estaría al tanto y que quedábamos a las órdenes del decano de la facultad, bastante timorato por cierto, que ni dio instrucciones ni apareció por si acaso.

Comenzaron la ronda de llamadas telefónicas de colegas, de compañeros del departamento que sugirieron eliminar determinadas publicaciones de la biblioteca del departamento y papeles, teóricamente comprometedores o posters, no sé muy bien la causa, pero lo hicieron, luego los tranquilicé, les dije que no vinieran o se fueran a casa y así lo hicieron.

Al Prof. Tuñón de Lara se le protegió debidamente por si acaso y la conferencia no se impartió, aunque guardo el cartel artesanal que se elaboró. A los dos días se le devolvió por vía indirecta a su domicilio al que llegó sin mayor novedad.

Yo recibí una llamada de mis trabajadores de Ategua que habitaban en el pueblecito de Santa Cruz en la Campiña cordobesa que me ofrecieron no dormir en la capital y trasladarme allí para quedar bajo el amparo suyo y del núcleo importante del Partido Comunista que tenía fuerza en la localidad y eran de confianza. Siempre he mantenido el agradecimiento a aquellas buenas gentes con las que me une amistad permanente que valoro.

Llamé a Zaragoza, a mi familia para ver como andaban las cosas. Mi esposa había recibido la noticia en la inauguración en La Lonja de Zaragoza de una exposición organizada por el Ministerio de Cultura sobre la Guerra Civil Española, por lo que las autoridades entraron en La Lonja al son de marchas militares como La Internacional, Los Voluntarios, El Oriamendi, el Himno de la CNT, etc. Todo un espectáculo, mientras los escoltas y algunos visitantes pegaban la oreja al transistor que daba noticias.

El Director General del MC Tussell, el Gobernador, el Alcalde y el Presidente de la Diputación, inauguraron e inmediatamente se trasladaron a la vecina Delegación del Gobierno para ver si se tomaban medidas y de que modo. No olvidemos que el general que mandaba la D.A.Brunete estaba en Zaragoza para entrevistarse con el Director de la A.G.M.. Fue un trasiego interesante.
Hice algunas llamadas más, una a mi madre que me informó a través de una compañera suya, hermana del General Mendizábal, jefe de la Brigada Paracaidista, de que él se mantenía fiel al Rey, lo que en ese momento no era decir mucho, pero fue fiel a la democracia.

Yo recordé que días antes en las excavaciones de Ategua, habíamos escuchado disparos de armas cortas y largas y trasiego de personas, que entrenaban al pie del yacimiento arqueológico en las antiguas canteras de época turdetana y romana de Ategua. Mas tarde se comprobó, pero no se publicó la identidad de aquellos individuos, al menos su filiación global.

En las residencias universitarias donde yo residía entonces había inquietud y calma al mismo tiempo. Algunos jovenzanos alardeaban de sus antecedentes familiares y decían que ya era hora. Jóvenes de pelo bien peinado hacia atrás con gomina y con cortijos familiares a sus espaldas y ellas con sus atuendos desenfadados diciendo que al menos en la televisión estaban proyectando mas películas como gesto de compromiso que daba que pensar.

Fue pasando el tiempo, más llamadas, más comentarios, los tanques de Milans del Bosch en Valencia deteniéndose en los semáforos presagiaban una mascarada tétrica, que no se cumplió. El Jefe de la II Región Militar era famoso por estar fuera de escenario a partir del mediodía, el de la VI, de Galicia, Fernández Posse se decía que era de fiar, como así fue. De la Armada y de la Aviación no se comentó apenas y el tiempo iba pasando mientras que la Junta de Subsecretarios encabezados por Laína tomó las riendas por si acaso en comunicación con los sindicatos.

Del País Vasco y de Cataluña hubo gentes que inopinadamente salieron de pesca esa noche y no regresaron hasta dos días después, lo mismo que por algunas carreteras fronterizas.  Las embajadas no pararon con sus servicios de información, especialmente algunas que siempre están enteradas o mueven los hilos.

La intervención del Rey Juan Carlos I por RTVE fue esencial para lo que sabemos o nos han hecho creer del relato oficial. Poco de la trama ciudadana, empresarial, etc., que sin duda la hubo. Mucho humo para tan poco fuego y demasiada buena voluntad por la ciudadanía que verdaderamente determinó el rumbo de las cosas.

Los tiradores de las canteras de Ategua dejaron de practicar por algunos tiempos, pero más adelante regresarían, tal vez sus hijos y nietos militen hoy en día en otros partidos en espera de su turno. Esperemos que no sea así y la razón salga a flote una vez más.

 

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