La Underwood de Polibio y las Guerras Celtibéricas

Vivencias para una crisis por Manuel Martín Bueno
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16 de mayo del año 2020 a por la novena semana de confinamiento



Llevo un tiempo soñando con cosas peregrinas, seguramente son ya consecuencia del confinamiento, que al igual que produce alteraciones en el reino animal, comportamiento de aves y mamíferos pequeños de nuestro entorno, léase gatos, perros y poco mas, que tengo a mi alcance, comienza a ejercer influencias diversas en el propio organismo y conducta humanos.

Pueden creer Vds. que desde hace algún tiempo cuando intento centrarme en asuntos bilbilitanos, no de la ciudad y comunidad de Calatayud actual, que para eso ya existen muchos opinadores, sino de los asuntos que ocasionaban desazón a los bilbilitanos de antaño, a los habitantes de Bilbilis, que sigue donde siempre y no eran mas que cosas corrientes de gente de bien. Lluvias a destiempo que mojaban y luego agrietaban las cerezas, sequías que agostaban los sembrados de cereal, pedrisco que arruinaba los huertos, algún tejado que otro y poco mas.  Luego a protestar al maestro armero de la época, al herrero, que no era mas que una divinidad menor, porque maldecir directamente a los dioses mayores, a los oficiales del Panteón Romano, no estaba ni medio bien, porque solían ser vengativos aunque no se creyera en ellos.

Para rizar la paradoja vengo en soñar de manera reiterada con un personaje famoso, historiador por mas señas, conocido por Polibio, que nacido en Megalopolis, ciudad griega hoy desaparecida, allá por el 209 o el 208 a.e. tuvo una vida muy interesante y en cierto modo regalada. Lo conocemos por coetáneos romanos especialmente y también griegos, pero lo esencial es que desde jovencito se arrimó al ascua de la estrella ascendente de una importante familia romana, mejor un clan, el de los poderosísimos Escipiones. Aquellos que ya desembarcaron en Ampurias en el 2018 a.e. para batallar contra los cartagineses, que luego hijos, tíos, sobrinos, etc., constituyeron una familia de gran influencia y poderío vinculada a todas las conquistas de la época en aquel siglo II a.e. en que la República Romana se expandió por oriente y occidente con éxito, siendo causantes de grandes desgracias para los pueblos vencidos que fueron muchos, tanto allí como aquí.

Polibio fue una especie de cronista oficial que acompañó a uno de los grandes Escipiones, a Publio Cornelio Escipión Emiliano Africano y nos quedamos aquí porque luego añadiría a sus apelativos triunfales el de Numantino, pero todavía no.  Los Escipiones, los primeros citados y luego Publio Cornelio Escipión, padre del siguiente, participaron en todas las guerras que tuvieron a mano y vencieron, no sin sufrimientos a veces, que eso de la milicia no era tarea fácil.

En mis sueños nuestro amigo Polibio el griego, está en el grupo de amigotes del mas victorioso de los Escipiones, junto a otros personajes de gran relumbrón, Yugurta el príncipe africano que mandaba una tropa de caballería Númida, Rutilio Rufo, y Apiano, otro historiador griego que dejó abundante obra especialmente Iberiké, sobre las Guerras Celtibéricas. Podemos considerar a todos estos como cronistas oficiales como dijimos ya que participaron en las guerras y además escribían lo que es mas importante.  Polibio estuvo con Escipion Emiliano en la conquista de Corinto en el 138 a.e. y unos años antes en el 146 a.e. en la de Cartago. Antes en el 151 había estado con su amigo Escipión en las guerras hispanas cuando este servía bajo las órdenes de Lúculo, un general detestable y cruel y Galba otro lobo de la misma ralea. Los Vacceos todavía se acuerdan de ellos, como los Lusitanos.

Lo malo de mi sueño es que Polibio lleva siempre acompañándolo, a un esclavo griego muy letrado que carga con una caja de madera con asas que cuando abre deja ver una maravillosa máquina de escribir marca UNDERWOOD de los años treinta del siglo XX fabricada en los EEUU con sus cintas entintadas marca Kores. En llegado a este punto del sueño, que se repite varias noches, se produce una especie de cortocircuito que lejos de producirme calma y sosiego me produce desasosiego y un brusco y extraño despertar que es lo peor.

Una vez despierto a medias, me siento en el borde de la cama esperando ver amanecer, pero todavía es temprano o eso creo. Desvío la mirada hacia un mueble aparador y allí está impertérrita la Underwood de Polibio que me muestra una sonrisa de amplias dimensiones enseñando no dos, sino cuatro filas de dientes, premolares y molares, de coronas blancas y redondas que me observan como si quisieran demostrar que tienen vida propia. Termino de despertar, me acerco, toco el teclado de la Underwood y veo que es real, pero observando alrededor con cuidado verifico que ni Polibio ni sus amigotes están en la habitación lo que me tranquiliza poco a poco y me permite despertarme del todo.

Tengo que rebobinar y llego a la conclusión de que ese artilugio que conservo con mimo porque lo heredé de mi maestro. Él cada vez que le decía que hacemos con esa antigualla, respondía de manera invariable, no la tires nunca, es la máquina de escribir que llevó Polibio a la Guerra de Numancia cuando servía a las ordenes de Escipión y yo a callar que entonces era súbdito.

Transcurrido el tiempo llegué a la conclusión de que no pudo ser porque está fabricada en los EEUU y en época de Polibio y Escipión todavía no se había descubierto América, además Polibio dudamos mucho que pudiera acompañar a Escipión a Numancia porque esta ciudad fue sitiada, finalmente conquistada y destruida en el 133 a.e.. Para esas fechas Polibio tendría 76 años y no creo tuviera el cuerpo para muchos trotes, en especial para aguantar los inviernos de la meseta soriana de los Arévacos. Es decir, Polibio escribiría de oídas sobre la Guerra de Numancia según le contaron sus otros amigos que si estuvieron allí y luego Apiano tomaría estas crónicas incluidos los comentarios de Polibio, para su obra. Esto es lo mas probable y como lo pensaban se lo cuento. Sobre si Polibio estuvo en Bilbilis antes de esas fechas, no es probable, el seguir a un ejército en campaña, de acá para allá era una tabarra, así es que no pudo comer melocotones de Campiel, él se lo perdió.

Si las historias de los destrozos que hicieron los romanos a los celtíberos no los pudo escribir Polibio o cualquier otro con la Underwood de mis sueños, que es real y físicamente tangible, tampoco hubiera podido escribir, caso que le interesara historietas menudas de nuestras semanas de confinamiento y desescalada, ni de tiempos pretéritos de esta imperfecta democracia que son muchas y sabrosas anécdotas.

Recuerdo que en los años ochenta hubo un alcalde de Madrid, D. Enrique Tierno Galván, profesor amable, muy leído y de prosa especial tanto en la forma como en el contenido, que sirviendo yo en la función púbica, tuvo la amabilidad de invitarme varias veces a algún concierto o representación en el Teatro Real de Madrid donde el Ayuntamiento, al menos entonces, tenía reservado un palco. Conversábamos de cosas trascendentes o intrascedentes pero siempre se aprendía del viejo profesor. Le sucedió un personaje de menor fuste D. Juan Barranco a quién el vulgo madrileño, por incitación de políticos de baja estofa, enseguida bautizaron como “Juanito Precipicio” porque era un tanto precipitado en sus actuaciones y no les faltaba razón.

No sé yo si siguiendo la estela de políticos de la Villa y Corte, no deberían estar en el cuadro de honor todos quienes han pronunciado frases singulares como la de aquella dama de alta alcurnia y timbre de nobleza, pretendidamente castiza por demás, que leía a dos autores famosos como “Sara” y “Mago” sin el menor rubor o mas recientemente trayendo lo del “Precipicio” al frente, pasar directamente a la de la “mortadela el Pozo”, mas hondo cuanta mas tierra le van quitando sus colegas de coalición o los suyos propios, que en esto de la política lo de andar pisando tierras movedizas y cenagosas da para mucho.

Hoy en el último sueño estaba Augusto, el mismísimo Augusto capite velato hallado en Bilbilis que me quería decir algo susurrando al oído, pero no alcanzaba a discernir sus palabras y no es porque fueran pronunciadas en latín o griego, sino porque tenía cubriéndole su augusta nariz y su boca, una mascarilla FFP2, no de las que cosía pacientemente la hacendosa Livia para sus nietos con la tela de un sagum que le trajo Augusto cuando estuvo tomando las aguas en el balneario de Turiaso, que no le facilitaba mucho la pronunciación. Ante mi estupor le he preguntado, cual era la razón y la respuesta me ha dejado estupefacto, yo ahora no la necesito pero quiero advertiros para el futuro porque alguno de mis sucesores, los Antoninos sin ir mas lejos las pasaran canutas con la peste. No os descuidéis que estas cosas pasan y vuelven a pasar. De repente el Augusto capite velato del teatro de Bilbilis se ha transformado en un retrato con máscara y ahí sigue.

Por fortuna, el Genivs Bilbilitanorvm al que me he encomendado, ha permitido que en el duermevela tras la comida no haya soñado absolutamente nada, espero seguir así con o sin la ayuda de la garnacha centenaria.


P.D. Escrito lo anterior llega la noticia de que ha fallecido una persona de ideas claras, mente lúcida, inasequible al desaliento, recto en sus convicciones, de verbo claro y florido, natural de la Betica, provincia senatorial por excelencia, Colonia Patricia Corduba fue su ciudad de la que fue edil con el apoyo de los suyos y de muchos de los demás lo que ya es mérito. Quiere decir que fuiste bueno D. Julio Anguita, muy bueno. S.T.T.L.

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