Derribemos la columna de Trajano

Vivencias para una crisis por Manuel Martín Bueno
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Mas de noventa días de estado de alarma sin duda producen reacciones imprevisibles en los ciudadanos que habitamos en esta piel de toro, aunque mencionarlo así pueda no ser del todo correcto hoy en día por mencionar a los cornúpetas.

Podemos herir las sensibilidades de bastantes, tal vez concitemos los aplausos de otros tantos y la indiferencia complaciente o indiferente de los mas. Que quieren que les diga, a estas alturas de la película incluido el NO-DO, me importa un ardite. Si no les gusta, no sigan leyendo, lo entenderé, uno ya es un viejo con manías y con un toque de desvergüenza. Esa que compartimos quienes nos consideramos un poco “au-dessus de la mêlée”, que se decía antes, al menos quienes tuvimos formación en lengua francesa, que es una lengua rica en matices como ninguna otra y además “la gabacherie” inventó la guillotina que es limpia, rápida y medianamente estética.

Marco Ulpio Trajano fue un bético, natural de Itálica, que de su tierra natal se largó a hacer carrera en la milicia romana en el siglo I.de la era cristiana, ascendió a general por méritos propios, luego las circustancias del destino hicieron que sus legiones le auparan en un momento de crisis sucesoria facilitando ser adoptado por Nerva, emperador de Roma, viejo senador sin descendencia apropiada, lo que le llevó en volandas a la púrpura imperial, reteniéndola, es decir gobernando desde el año 98 hasta el año 117 en que falleció en Sicilia. Fue el primer emperador hispano y el segundo de la que conocemos como Dinastía Antoniniana, una buena dinastía.

Oficialmente fue un emperador tradicional, muy imbuido de las costumbres romanas, respetuoso con el Senado, buen administrador, impulsor de obras públicas de gran importancia, conocedor de los problemas del Imperio, incluida la crisis demográfica, dictó normas para proteger a familias desfavorecidas con cargas onerosas. No llegó a proponer la Renta Mínima Vital, porque no era el momento, habrían de pasar unos cuantos siglos hasta ahora.


El bueno de Trajano, que así le llamaremos familiarmente, destacó especialmente por sus campañas militares, a fin de cuentas era su oficio que conocía muy bien. Nada mas y nada menos que en su reinado el Imperio Romano alcanzó su máxima expansión, lo que no se consiguió tan solo con buenas palabras sino con la aplicación de la guerra de conquista con todas sus consecuencias, es decir fue un conquistador a los ojos de todos y por ello hoy en día deberíamos considerarlo un genocida y vituperarlo sin conmiseración. Pobre Trajano, menos mal que vivió entonces y no ahora.

Dos guerras fueron especialmente famosas porque incluso permitieron atribuirle adjetivos sonoros y triunfales en las inscripciones, tanto de las monedas como en la epigrafía monumental en piedra. La guerra contra los dacios (hoy Rumania) con la victoria sobre Decébalo, rey de los dacios, le permitió saltar al otro lado del Danubio y conquistar sus tierras y fabulosos tesoros, la razón principal de aquella guerra, que le serviría para llenar las arcas imperiales y preparar la financiación de la siguiente campaña, esta vez contra los partos (Persia), poderoso y temido enemigo tradicional de Roma en la frontera oriental. Es decir DACICVS y PARTICVS son sus atributos principales.

Las Guerras Dácicas entre el 101-102 y 105-107, permitieron la ocupación y la repoblación por colonos del territorio conquistado. Un negocio redondo. Reorganizó la frontera, y lo que es mas curioso los dacios (rumanos) que mantienen su lengua directamente emparentada con el latín, todavía recuerdan como muy beneficiosa aquella conquista, curiosa gente esta, ya que agradecieron ser conquistados y lo recuerdan sin ningún atisbo de rencor.

Luego Trajano en el 113 se lanzó a por oriente. Conquistó Mesopotamia con sus ricas ciudades para alcanzar el Golfo Pérsico, no se que tiene ese lugar que siempre ha estado en el unto de mira de todos los conquistadores y eso que entonces no se había descubierto el petróleo, que es cosa muy moderna.

Aquella campaña no terminó bien del todo, una cosa es conquistar oriente y otra muy distinta retenerlo. El Imperio Parto no era cualquier cosa, no obstante Trajano victorioso adquirió para su curriculum ese apelativo de Partico que añadieron a monedas e inscripciones, mas no se podía pedir.

El regreso victorioso le dio la idea de inmortalizar la gloria de Roma, es decir la suya propia, con la erección en su magna obra pública el Foro de su nombre, en septiembre del 117, de una columna de 38 metros de altura en la que se relatan sus victorias en un recorrido que de base a cumbre recorre en bajorrelieve la historia gráfica de sus hazañas en las que naturalmente se trata de engrandecer la figura del emperador y su eficacia militar y también la bravura de sus enemigos que por supuesto son conquistados y masacrados a mayor gloria de Trajano y Roma.
En 155 bajorrelieves se narra como si fuera un gigantesco cómic la historia de la conquista de la Dacia. Hasta ahí todo normal y los romanos de la época contentos y al parecer los dacios tampoco estuvieron descontentos ya que pasaron a vivir mejor aunque los muertos no podían opinar y fueron muchos.

Nadie discutió si aquel monumento era cruel para con los vencidos, ni entonces ni nunca. Prueba de ello es que a nadie se le ocurrió desmontarlo o derribarlo, faltaría mas. Con el tiempo el papado colocaría en lo alto de la columna, donde antes hubo una estatua de Trajano, el emperador hispano por antonomasia, una estatua de San Pedro e hizo suyo el monumento, forma sencilla y tradicional de apropiarse de los méritos de otros, que tampoco está mal. Trajano fue un gran emperador eficaz y práctico. A pesar de ser “andaluz” de origen no parece que tuviera un gran sentido del humor. El pobre Marco Valerio Marcial el poeta bilbilitano, también hispano, debió poner pies en polvorosa tan apenas Trajano había alcanzado la corona imperial y volver a Bilbilis, porque había estado protegido por el emperador Domiciano al que había escrito un bello panegírico, que al caer en desgracia y ser asesinado, no dejaba en buen lugar a sus partidarios y Marcial era uno de ellos.

El la Columna de Trajano hay escenas de crueldad militar habituales en cualquier reseña de guerra, cabezas cortadas  de dacios que le muestran los soldados al emperador, reatas de acémilas con los botines cobrados, incluso una escena en la que unos legionarios romanos saludan a su emperador victorioso levantando el brazo extendido en el denominado saludo a la romana, que los ignaros de los tiempos actuales, que saben poca historia y no se molestan en aprenderla, identifican tan solo con el saludo que Benito Musolini, popularizó para su partido fascista, tomándolo sin duda de la Columna de Trajano, porque D. Benito quería rememorar las grandezas de Roma y además sabía un poco de historia aunque fuera bastante bruto y mal encarado. Malas lenguas opinan que ese saludo, tan manido y utilizado como arma arrojadiza en los tiempos actuales, fue copiado por los romanos a los pueblos iberos en la conquista de Hispania, quién sabe.

Uno se pregunta. En estos tiempos enloquecidos en los que un dislate sigue invariablemente a otro dislate anterior intentando superarlo con gran alarde de ignorancia, deberíamos reconsiderar si es justo que la Columna Trajanea de Roma debe seguir en pie o hay que derribarla, San Pedro que la corona incluido, ya que si Trajano fue un conquistador genocida (esto lo añade un servidor) y luego San Pedro es la cabeza visible del antiguo papado, en cuyo nombre (el de la religión cristiana) se cometieron tropelías sin cuento tendría lógica. Tengo mis dudas, pero creo que debemos dejarla ahí porque sería inútil tirarla y luego arrepentirse cuando pase la moda, lo mismo que ocurrirá con el resto.

El pobre Cristóbal Colón por los suelos o decapitado por quienes ni saben historia ni la aprenderán nunca, al bueno de Sir Robert Smith Stephenson Baden Powel, protagonista en la Guerra Anglo Boer (África del Sur), fundador de los Boy Scout, en una localidad del Imperio Británico han decidido retirarla de la vía pública. Al perdedor iraquí Saddam Hussein las tropas de los EEUU, tiraron por tierra una gran estatua suya por tierra con gran esfuerzo, casi su mayor logro en aquella inútil guerra, refrendada por el mariachi de la “foto de las Azores”, pero no lograron evitar el saqueo del Museo Nacional de Bagdad o la destrucción de la Biblioteca Nacional de la misma ciudad una de las mas importantes del mundo y sin duda del mundo islámico. Eso si que fue grave, muy grave pero pocos lo recuerdan, no interesa.

Esta manía de decapitar estatuas, (antes se fundían y se hacían cosas con ellas, incluso nuevas estatuas, lo mismo que con las campanas trocadas en cañones y viceversa), eliminar personajes, dudosos o no ahora, pero no entonces cuando se colocaron, de parques, jardines, plazas, etc., es una soberana estupidez. Un signo colosal de incultura y una muestra evidente de que se facilitan y alientan estos movimientos para ocultar otras reivindicaciones mas reales por parte de los que actúan así, de forma vandálica.

Si por unas razones quitamos unas cosas y las destruimos, iguales motivos habrá, ahora o mas adelante para segur quitando el resto y a este paso nos quedaremos solos, con adornos escultóricos que serán insulsos, o auténticas mamarrachadas oportunistas como las que algún o alguna política (por decir algo) de la Villa y Corte pretendió endilgar al pueblo madrileño hace poco con motivo de la actual pandemia, que se está demostrando como la pandemia de la muerte, el sufrimiento universales y la barbarie e ignorancia generalizadas.

Que no lleguemos a ver de nuevo en un lugar cualquiera (ya lo hemos visto en Inglaterra) como la turba irredenta al grito de abajo los Borbones, Viva la República, arrojaron al Ebro las estatuas en piedra de los REYES GODOS que adornaban todos en fila y bien ordenados el pretil de ambos lados del puente sobre el Ebro en Logroño en aquellos años en que a algún iluminado se le ocurrió lanzar la soflama referida.

Esto no es un mal sueño, es una auténtica pesadilla.

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