VIVENCIAS PARA UNA CRISIS.- El Museo de Calatayud y la Pandemia

Museo de Calatayud

Vivencias para una crisis por Manuel Martín Bueno
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El primer museo de Aragón, amén de los tres provinciales

En principio al Museo de Calatayud, el primer museo de Aragón, amén de los tres museos provinciales, no ha sido contagiado por el virus COVID-19 porque como es un elemento inorgánico aunque no inerte, no tiene por fortuna esa capacidad de absorción de contagios que son cosa de humanos como “piramidón” de la pirámide humana, ni siquiera del reino animal que también sufre lo suyo por obra y gracia de los dislates que cometemos los humanos especialmente.

El Museo bilbilitano también ha sufrido desde que comenzó esta locura pandémica, que a todos ha sumido en desconcierto, desánimo, crisis de ansiedad y desgracias múltiples comenzando por las irreparables pérdidas humanas y luego económicas que van asociadas, como el resto de las estructuras con que está dotada la sociedad moderna para cubrir las diversas necesidades de su propia existencia ordenada.

A las medidas rígidas, cierres totales y confinamientos generales, se sucedieron momentos de cierta relajación y luego vuelta a empezar en una espiral de desasosiego general que ha afectado y sigue afectando a las estructuras políticas y sociales, desde las mas altas instancias a los mas sencillos ciudadanos que todavía sufren las consecuencias. Mira tu por donde en estas situaciones se igualan, tan sólo en parte no crean, las desigualdades en lo que a atención sanitaria se refiere, en la atención en los últimos pasos que el destino nos depara, pero no piensen que en mucho mas. No todos ni en la misma medida nos vemos afectados por las restricciones, por las libertades limitadas y por las ayudas que se reciben, siempre insuficientes, porque las cosas son así, porque no es posible, eso dicen, atender a todos según las necesidades que cada uno piensa que son las suyas y por lo tanto las principales.

Desde hace muchos años, demasiados ya, nos toca sacar adelante con el soporte imprescindible de las instituciones responsables, en este caso y muy principal el Ayuntamiento de Calatayud, el Museo de la Ciudad, ese que ha transitado a lo largo de su historia desde su fundación a inicios de los ochenta del siglo pasado por diferentes ubicaciones que siempre tenían ese aire de provisionalidad que va aparejado con una sensación de cosa superflua ya que pertenece al sector de la CULTURA que no siempre ha tenido ni tiene buena prensa. Instalaciones provisionales que como tales también eran miradas con amabilidad pero no mas. La voluntariedad, el voluntarismo no mueve montañas, pero a veces es de agradecer que se reconozca y pocas veces ha sido así, incluso ahora mismo, ha mantenido abierto el Museo de Calatayud.

El último mandato de D. Fernando Martín Minguijón como alcalde de Calatayud marcó un hito importante para el Museo de Calatayud, por fin se acometió en una operación urbanística de un sector, el del Colegio de Claretianos, urbanizar una amplia zona en la que antes había un convento de monjas de clausura, unas huertas y poco mas. Cuando ya no quedaron mas operaciones de envergadura y ante la insistencia nuestra de que era necesario sacar definitivamente del anonimato y la incuria al siempre provisional Museo de Calatayud, se decidió incluirlo en aquella operación que resultó a priori beneficiosa para la ciudad y para la cultura y el patrimonio bilbilitanos.

Las obras se llevaron a cabo con un buen proyecto pero no tanto con una buena ejecución fruto de las prisas, las elecciones estaban a la vuelta de la esquina, así como con una vigilancia de plazos y recepciones de obra que fueron francamente mejorables, a la vista está, por sus consecuencias.

El Museo se montó, incluidas vitrinas y piezas, cuando todavía no se habían cerrado los huecos de las ventanas lo que provocó un conflicto con el Gobierno de Aragón, que se resolvió por medio de conversaciones y buenos oficios como ocurre casi siempre, para evitar una justa paralización de las obras y un embargo de los bienes que contenía, que de acuerdo con la legislación vigente hubiera sido del todo justo. Se inauguró in extremis en tiempo de descuento, con lluvias torrenciales previas, que impidieron que se cubriera el patio interior central correctamente en especial en lo referente al sellamiento de juntas, etc., lo que ha motivado desde entonces las continuas filtraciones que para desesperación general permanecen ajenas a la voluntad de los técnicos o al ojo clínico de los mismos.

En estos días han terminado unas obras de reparación financiadas por el Ayuntamiento de Calatayud por una cantidad de 25.000 € que han resuelto varios problemas surgidos desde el momento de su inauguración allá por el 2007. No ha sido las únicas, varias intervenciones anteriores han ido resolviendo pequeños problemas en un goteo continuado, pero los problemas principales y seguramente mas costosos persisten, seguramente porque no se ha acometido en profundidad el estudio técnico de las necesidades reales para que el edificio, nuestro ariete patrimonial bilbilitano luzca como merece por su importancia y por el contenido que alberga, nada mas y nada menos que elementos de dos BIC, Bilbilis y Valdeherrera, así como obras pictóricas, escultóricas, etc., de un buen número de artistas billbilitanos y nacionales, de gran proyección cultural que deben ser conservados sin riesgos para disfrute de los bilbilitanos y todos cuantos nos visitan.

Estas últimas obras con la inversión municipal de esos 25.000€ indica que vamos por el camino correcto pero tenemos que insistir en que no hemos terminado, con el patrimonio nunca se termina, humedades, filtraciones grietas de asentamiento, unas desaparecen y otras reaparecen o nunca desaparecieron. La crisis motivada por la pandemia va siendo controlada y esperemos que en un plazo no muy dilatado podamos regresar a transitar por una vía ya conocida, aunque nunca volverá a ser la misma que antes.

Mientras los visitantes van poco a poco recuperando la confianza en los lugares habituales y por lo tanto deben reanudar la vida con sus alegrías y tristezas, con sus momentos de reflexión, de sosiego o simplemente esos momentos en los que disfrutamos del hecho de seguir vivos con nuestras cuitas, las que van mas allá de todo y cada uno debe gestionar.

 

 

 

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