Desde el mirador de mi balcón

Editorial
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En estos días de aislamiento no me queda otra que asomarme diariamente al balcón.

Me siento, observo, y como casi todo el mundo pienso. A veces con lágrimas en los ojos, otras aceptando una realidad que nos sobrepasa a todos y muchas con el optimismo de que esto pasará y que volveremos a recuperar (con más o menos esfuerzo) nuestro ritmo de vida habitual.
Veo algunas personas que suelen pasar por la calle. Creo firmemente que son las menos y que en general estamos cumpliendo con las normas de confinamiento. Veo a mi vecina, sanitaria, que se encuentra aislada esperando los resultados del test como medida de precaución. Está contenta, sin muchos síntomas y deseando que le digan que no es positiva para volver a incorporarse y ayudar en su centro de trabajo. Rápidamente se me van las lágrimas de los ojos porque estoy seguro de que con tanta dedicación y espíritu de sacrificio nuestra primera línea de contención se está dejando la piel y el alma en ganar la batalla. Y lo harán.
A veces pasan miembros del Ejército, de la Policía Local o de la Policía Nacional. Los miro, los observo. Muchos de ellos sin protección ya que posiblemente también se necesiten más en otros lugares. En ocasiones con una paciencia sin igual le vuelven a comentar a la misma señora mayor que no debe de estar tanto en la calle, que compre el pan para varios días, que congele. En otras piden papeles para asegurarse de que la salida a la calle es obligatoria. Muchísima paciencia, mucho trabajo, exposición y dedicación. También me anima a pensar que tarde o temprano ganaremos.
Y en todo esto lo que me crea más dudas es el comportamiento de algunos políticos. No por lo que hacen o lo que no hacen en esta situación. No por las medidas que se toman o que se dejan de tomar, sino por lo que podrán hacer en el futuro, cuando todo esto pase.
La situación actual nos ha sobrepasado a todos. No importa si somos de un lado o del otro, de un país o de otro. No entiende de eso.
En esto, todas instituciones están trabajando con la intención de ganar la batalla. Lo creo firmemente. Creo que el gobierno nacional lo intenta de todas las maneras posibles, lo mismo que las Comunidades, sea la aragonesa, la vasca, la andaluza, la catalana…, cada cual con partidos distintos en el gobierno. Todas con las mismas dificultades y los mismos problemas. Todas trabajando con mejor o peor suerte y expuestas a las críticas de los partidos que están en la oposición. Me entristece, pero creo que cuando esto termine será todavía peor, que nos encontraremos con una nación más partida todavía y polarizada en dos grupos que posiblemente se enzarcen los unos contra los otros en reproches. Y esto es lo que más me preocupa, que no sean capaces de entender las dificultades de esta situación y que sigan poniendo el caldo de cultivo para que la opinión de los españoles siga siendo más extremista tanto a un lado como al otro. Y les pido responsabilidad para evitar la polarización.
Espero que nuestro hospital, el que tenemos más cercano, siga teniendo camas libres para atender a los enfermos que lo necesiten. De momento, (a pesar del aumento de pacientes), se tienen. Espero, (y estoy seguro), que se estén tomando las medidas necesarias para que si nos quedamos sin camas los enfermos puedan estar atendidos en centros paralelos. También estoy seguro que será así si se necesita.
Para terminar pienso en las cifras y me parecen totalmente irreales. Es evidente que no se están haciendo todas las pruebas y que faltan test. Nos ofrecen cifras confirmadas pero en las estimaciones la cifra es muchísimo mayor. Aquí, en Calatayud y en todos los lugares. Y esto me hace pensar también que en otros países de Europa con cifras más bajas posiblemente tampoco se estén ofreciendo las reales.
Esto no conoce fronteras y a todos nos está afectando.
Cierro el ventanuco de mi balcón, me pongo a escribir y a pensar lo mucho que necesito tantas y tantas pequeñas cosas que ahora no puedo hacer, y espero, espero que pase el tiempo y volvamos a recuperar nuestro ritmo de vida habitual.

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