PLAZA DE ESPAÑA: Una dama de alta cuna y de baja cama

Editorial
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Una plaza rica en historia a la que le está afectando el paso del tiempo


Que Calatayud es una localidad rica en historia, rica en patrimonio, con edificios emblemáticos con un valor fuera de cualquier duda es algo a lo que todos los bilbilitanos nos llena de orgullo, uno de esos lugares emblemáticos en la historia de la ciudad es la que en su día fue, céntrica plaza de España.
La “vieja” dama nacía en el medievo. Una niña que fue creciendo casi sin darse cuenta, creciendo mientras jugaba y se convertía en una esbelta joven ataviada con sus soportales y engalanada con unas columnas que en su día fueron traídas de las ruinas de Bílbilis. En su centro casi desde siempre contemplaba esbelta y lozana el devenir de la vida de sus habitantes: zoco árabe, mercado central, festejos e incluso contemplando lozana la diversión de sus habitantes con acontecimientos taurinos. Una plaza, una señora llena de vida.


Flanqueando toda la vida de la plaza, uno de los centros neurálgicos de la ciudad, la Casa Consistorial, un edificio renacentista del siglo XVI la parte baja y del XVIII la segunda planta.


La joven inquieta y bella se fue convirtiendo en mujer. Siempre manteniendo su centro como un punto importante de la vida de la ciudad, conocedora de sus encantos. Sus mercados de abastos se fueron convirtiendo en un gran mercado central de metal. Sus puestos en la calle encontraron un lugar más acorde con la belleza de la señora. La plaza, durante muchos años contempló embelesada la vida de la ciudad, el bullicio de las compras, el trabajo de los vendedores, la alegría de las pequeñas historias de un pueblo que pasaba casi su totalidad por sus faldas. Este paso del tiempo le fue cambiando su fisonomía. El gran mercado central dejó paso a un mercado en uno de sus soportales. La señora fue cumpliendo años y cambiando, como todos. A pesar del cambio siguió manteniendo la vida, con los puestos de mercado en otro lugar de su entorno pero contemplando impertérrita el devenir de sus habitantes.


El tiempo, la vida, nos va cambiando a todos. No perdona y en eso si que todos somos iguales. La plaza tampoco ha logrado esconder el decrépito a la que el tiempo le ha sometido. La señora ya no es joven, ya no es esbelta, ya no contempla la plenitud de la vida de sus habitantes. Quizás llora desconsolada por la pérdida de una belleza que en su día tuvo. Llora comprobando como en su vestimenta aparecen jirones propios del desgaste de la propia vida sin que nadie emprenda el zurcido que al menos le haría perder la vergüenza, algún solar que diariamente nos recuerda lo bonita que fue y el compromiso que tenemos TODOS para devolverle al menos su vergüenza. A veces nos encontramos con una plaza sucia y de esto pueden dar buena cuenta la chiquillería que todavía juega en su centro, y sus madres y padres, que tras el juego ven como todos tienen que pasar por el baño.


Ayer tampoco fue una buena jornada para la señora de avanzada edad que no entiende lo que le está ocurriendo. Por la tarde asistió impasible a una pequeña disputa en la que tuvo que mediar la Policía Local y Policía Nacional. Un pequeño problema que, al menos, le recordó esos años de plenitud donde visionaba la vida a través de sus habitantes. Horas más tarde lloró. No lo pudo remediar cuando tras otra disputa de nuevo tuvo que intervenir la Policía Nacional y en este caso con un herido. Llora desconsolada recordando lo que en su día fue y las marcas que el tiempo le está dejando convirtiéndola en una anciana que sobrevive de recuerdos.


Dicen que quien pierde su historia pierde su presente e incluso su futuro. En la conciencia de todos, absolutamente de todos, nos debería de pesar la falta de sensibilidad cuando miramos a los ojos de esa anciana que ahora tan solo vive de recuerdos.


Que nadie entienda este pequeño escrito como un ataque hacia nadie. No lo es. No se busca culpables, no es la intención. Se busca tan solo remover la conciencia de todos: instituciones, gobiernos, pero sobre todo la conciencia de cada uno de nosotros que tan poco estamos ayudando a que siga con dignidad viendo pasar la vida lo que fue una ilustre dama y ahora es una castigada anciana. Todos, cada uno de los bilbilitanos, tenemos casi la obligación de devolverle parte de su orgullo tan castigado en estos momentos.

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