Conocer y, tal vez, aprender de la larga experiencia ajena
En una reciente película francesa, aunque protagonizada por un grupo de actrices españolas encabezadas por Natalia Verbeke y Carmen Maura, se nos relata cómo las tradicionales criadas bretonas fueron reemplazadas en Francia, en las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX, por las doncellas españolas o portuguesas. Similares olas de inmigración se produjeron en el caso de los hombres: españoles, portugueses, argelinos, marroquíes, centroafricanos, gentes de oriente próximo, europeos del este… Con ellos, la típica dinámica de la inmigración, ya sea dentro de un mismo país, ya hacia otra nación: primero lega alguien y, si considera mejor la vida allí, va intentando traer a parientes o conocidos.
Para solucionar la necesidad básica de cobijarse de los llegados de fuera (y de muchos otros autóctonos también, claro), se llevó a cabo en Francia la construcción de barriadas de pisos de propiedad pública que se ofrecían con un alquiler más bajo que el del mercado libre. En Francia estos pisos se han conocido siempre como HLM o “Viviendas de alquiler moderado”. La Asociación AHERCA (Hermanamiento Calatayud-Auch) y otros viajeros integrados en el grupo durante la visita anual de mantenimiento de los contactos entre las dos ciudades recorrieron recientemente una de estas barriadas de HLM en compañía del alcalde de la localidad (D. Christian Laprébende) y de algunos concejales y vecinos de Auch. El recorrido supuso un descender de lo protocolario, de lo amistoso o festivo, a los verdaderos retos de una población.
Los HLM se levantaron en unas determinadas áreas llamadas Zonas de Urbanización Preferente (ZUP). El hecho de ser pisos de alquileres baratos (se necesitaba cumplir el requisito de pocos ingresos para poder optar a ellos) producía, automáticamente, una absorción hacia las ZUP de las familias de nivel social bajo. Por otro lado, la tendencia natural del inmigrante a relacionarse con sus paisanos para sentirse protegido en un entorno lingüístico y cultural compartido, frente al mundo exterior sentido como hostil, coadyuvaba también al mismo fenómeno de concentración. Así, la magnífica idea, en principio, de barrios de sustentación social impulsados por la iniciativa pública acabó convirtiéndose en propiciatoria, intrínsecamente, de verdaderos guetos. La barriada que recorrimos en Auch, conocida como Le Garros, había sido en los últimos lustros lugar de muchos conflictos: peleas, droga, carreras de automóviles, incendios de vehículos, persecuciones policiales e, incluso, muertos. Hace unos años, estando en Calatayud el señor Laprébende, tuvo que retornar apresuradamente a Auch por uno de estos graves incidentes.
Para intentar solucionar estos problemas se lanza al comienzo del presente siglo la idea de un Programa Nacional de Renovación Urbana (PNRU), que tiene varios hitos de concreción, uno de ellos a comienzos de la siguiente década. El plan se basaba en remodelar absolutamente estas ZUP: ¡una solución enormemente costosa! En principio, estaba pensada para las grandes ciudades y los barrios de más baja renta per cápita. Pero en el año 2014, siendo alcalde de Auch D. Franck Montaugé, se constató que la barriada de Le Garros entraba dentro de los parámetros económicos mínimos, y la ciudad presentó su candidatura al PNRU. En 2019 el Ayuntamiento de Auch ya tenía elaborado su proyecto, de 73 millones de euros, lo defendió en París y fue aceptado. El dinero vendría fundamentalmente del Gobierno Central y del Ayuntamiento, con una pequeña aportación del Gobierno Regional y de la Unión Europea (la contribución de esta última rondaría el 10%).
El proyecto iba en muy diversas direcciones. Una de ellas, derribar las torres de pisos más altas de estas barriadas. Otros bloques menos altos se conservarían, pero reacondicionándose totalmente; su entorno próximo, a menudo de terreno verde preexistente, se mejoraría. Las personas desalojadas por el derribo de los grandes inmuebles habrían de distribuirse por otras zonas de la ciudad. Los solares libres resultado de la demolición de las torres de pisos se ofertarían a cualquier comprador que quisiese construir allí su casa individual (“pavillon”). La comunicación del barrio de Le Garros habría de mejorarse abriendo dos nuevas carreteras. Se construiría una nueva área comercial de arquitectura moderna. Se barajó la posibilidad de reacondicionar la escuela para mantenerla, pero incompatibilidades arquitectónicas con la legislación vigente hacían más rentable derribarla y erigir una nueva. Lo mismo podríamos decir del ambulatorio de proximidad. Como equipamiento complementario de la ZUP se construiría también una nueva ludoteca y un centro de formación en tecnologías digitales (éste con financiación totalmente europea). Asimismo, se han crearían nuevos parques, con áreas de juegos y de ejercicio físico.
De todo esto proyectado se ha ejecutado desde 2019 algo más del 50%: demolición de las torres, reacondicionamiento de los edificios bajos y de su entorno, mejora de las calles, la nueva zona comercial, los parques y jardines. Próximamente se acometerá la nueva escuela. Para el resto aún disponen de 5 años, hasta 2030, que es el plazo tope del plan. Según el propio alcalde y los concejales que nos acompañaron en el recorrido, la mejora de la convivencia en la barriada es ya notoria: muchas mujeres que antes temían salir solas para realizar actividades totalmente cotidianas o sentarse en un parque, ahora lo hacen con total libertad y con la sensación de mayor seguridad. La impresión que tuvimos los visitantes de Calatayud del aspecto general de la ZUP fue que el gueto se ha ido disolviendo. Las perspectivas parecen alentadoras y tiene el aspecto de que resultará un barrio nuevo, tranquilo, abierto, verde y acogedor.