CALATAYUD.- Recuerdos de las Ferias

Tribuna
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Me pide Paloma Alcalde que escriba algo sobre mis recuerdos de las Ferias septembrinas, una tarea bien difícil porque ¿cómo separar mis recuerdos más personales de otros que tengan algún interés para quien esto lea?

por PEPE ARÉVALO
Voy a intentar evocar las fiestas desde las actividades relacionadas con los distintos grupos a los que he pertenecido, pero es posible que las vivencias propias se mezclen en el relato. Después de muchas vueltas esto es lo que ha quedado, con la sincera esperanza de que más de medio siglo de recuerdos puedan ser del interés del amable lector.
El primer recuerdo de Ferias me lleva a una noche con mis padres en un velador del Goya y a Don Benito Sánchez, el de la célebre tienda de tejidos de los bajos del casino, invitándome a un helado de vainilla. Difusamente me vienen recuerdos de mi padre cogiendo la peluca y los guantes de macero que se guardaban en casa, de las visitas al Hospital Municipal para ver a los gigantes;  de la plaza de San Benito y los títeres;  de los fuegos artificiales en Fernando el Católico, de la asistencia con mi padre, cada 10 de septiembre, al empastre, a las divertidas tardes de Bombero Torero; y, por supuesto, de "los caballitos" en la explanada de la Pera con el chispita y el tren chu-chu y años después, en la Pasarela, con la selva y el balance donde nos hacíamos los machitos a base de vueltas y paseos por la barca.
Mi primera participación fue en  la bajada de la Virgen de la Peña. Tendría siete años y, seguramente por vecindad, Pablo Rubio me  llamó para vestirme de monaguillo, José Manuel y Jesús completaban la terna de acólitos en el desfile. Ellos, un poco mayores, tendrían  tareas de más responsabilidad, a mi me colocaron junto a Don Félix para controlar que no se perdiera ninguna de las perlas que adornaban la capa pluvial. En algo me tenían que entretener…
No tardaría mucho en ir a Santa María a por un farol para el Rosario de cristal. Creo que el primer año se suspendió la procesión por una tormenta que, saltándose la tradición de la lluvia en la tarde de la corrida de toros (el 9 de septiembre), pasó por agua el día de la patrona. Años después cambiaría el farol por la bandera de San Iñigo de cuya Hermandad tengo el honor de ser abanderado.
En el 79 entré en la recién nacida Hermandad de Terceroles y, por ende, en el grupo A.J.B. lo que supuso empezar a vivir las Ferias de otra manera, entre otras cosas, de la mano de Braulio Gracia,  formaba parte de la preparación de la comparsa de gigantes y cabezudos. Recuerdo el primor y el genio de la Hermana Julita del Hospital, encargada de que la ropa estuviera impecable. Algún año llevé  la cabeza del diablo y creo que del Pirulo, aunque he de reconocer que era un cabezudo más bien soso porque nunca he sido muy de correr…


Por entonces no se instalaba el lujoso pabellón de la plaza del Fuerte, que con los bailes de Sociedad que ofrecía el Casino Bilbilitano protagonizaban el festivo ocio nocturno, trasladándose los conciertos al metálico "estafermo" que la peña Rouna instaló en Fernando el Católico. Aquel 1979 Calatayud dio la campanada en los medios de comunicación por el vigoroso abucheo que propinó a Victoria Abril que ofreció su concierto en  riguroso play back.
El pabellón de metal acogería el primer concurso de Jota Ciudad de Calatayud, que ganó el grupo Virgen del Puy de Mallen, quedando los organizadores del evento, el Virgen de la Peña-al que pertenecía como eterno aprendiz- en segundo lugar.
Representando al grupo A.J.B. entré al recién nacido Consejo de Juventud, dirigido por Jesús Uche, y en el 81 propusimos un concurso de carrozas para la cabalgata. El Consejo participó con dos: una dedicada a Muñoz Román que preparó la O.J.E. y otra que realizamos entre todos los grupos y estaba compuesta por una gran bandera de Calatayud, con el lema "entre todos hay que levantar".  Miembros del Junior, el Xera, el Grupo Juvenil Cristiano y A.J.B., vestidos de diferentes estamentos de la sociedad bilbilitana, cantaban con guitarras la canción de Labordeta "No cojas las acerollas".  
Por entonces las reinas de las fiestas empezaban a ser de mi edad y por tanto conocidas. En el especial que dedicaba el Heraldo de Aragón a las Ferias, aparecían entrevistas a las representantes de la belleza juvenil, recuerdo la realizada a Mamen Gonzalo, la evocación de los ojos de Esmeralda Jiménez y el reinado de Mari Mar López, que me parecía  guapísima. Poco después "destronamos" a la reina y cambiamos lo de la corte de honor por las majas bilbilitanas que en aquel ramillete primero contó, entre otras, con Mamen Maluenda y Mari Carmen Ciria.
Mientras que los conciertos nocturnos bajaban de nivel, nacía en el 82 la Feria de Muestras que se instaló en el pabellón de la Rouna. En ese momento era voluntario de la Cruz Roja, o a mejor decir "meritorio" para hacer la mili en la asociación, que montó puesto en la feria y allí estuve accidentalmente para dar fe del nacimiento de tan tradicional acto.
Pocos después siendo concejal de festejos Julio López, se recuperaron los conciertos "buenos" celebrándose en el polideportivo. Asistieron a aquella recuperación Mari Trini, a la que se le acababa de caer la estrella en el jardín, Bertín Osborne, que presentaba su cuarto disco, y Massiel, que por entonces era "más fuerte que el viento". A este último concierto asistí con amigos del G. J. C., al que había empezado a pertenecer a raíz de la carroza antedicha.
Y con algunos miembros de este grupo, con otros amigos, mucho morro y, sobre todo, mucha buena voluntad, nos lanzamos en el 85 a la tarea de recuperar los timbales para desfilar en el Rosario de cristal. Casi nadie se acuerda de aquello.  Fue una actividad tan divertida como efímera, solo salimos ese año.
Desde la Junta Mayor de Semana Santa organizamos por entonces la apertura del Museo de Arte Sacro, en la planta noble del Palacio Episcopal, encargándonos Fran Lorenzo y servidor de las visitas en las mañanas de ferias.
En los primeros noventa miembros y simpatizantes de la Hermandad de San Iñigo empezamos a participar en la ofrenda de frutos y, aunque esté mal el decirlo, contribuimos a la vistosidad del acto puesto que nos esforzamos en lucir las mejores y más puras galas del traje regional.  
Fue por entonces cuando se establecieron tres escenarios para los conciertos nocturnos; en las plazas del Fuerte, España y del Justicia. Recuerdo que estaba programada la actuación de Gatos Locos en la primera plaza, pero la noche apareció lluviosa y todo lo programado acabó celebrándose allí, empezando este grupo a tocar pasadas las 4 de la madrugada. Pero sin duda la actuación mítica de las que se celebraron en aquella época fue la de Marta Sánchez. ¡La de almas que entraron en la plaza del fuerte!
Luego los conciertos pasaron a la plaza de España. Me divertí mucho en el de Los Berzas, en el de Amistades Peligrosas y en uno de grupos de rock bilbilitanos que cerraban los Gatos Locos que de nuevo empezaron a tocar pasadas las 4 de la madrugada. Creo que estos muchachos están convencidos de que en Calatayud no dormimos.
En las Ferias de 1997 se inauguró la rehabilitación del teatro Capitol y durante unos años se programaron obras de teatro y revistas. La revista siempre llenaba, pero el teatro era otro cantar, así que se optó por suprimir esta actividad. Una pena.
En los primeros años del XXI los escenarios nocturnos pasaron a la Carpa y al Recinto Ferial. La gratuidad de los conciertos y el que solo haya un camino de acceso, han hecho que hasta hace poco haya cambiado conciertos por capazos. Me parece bien que se cobre una entrada aunque sea simbólica para que hasta el ferial se acerque la gente que realmente tiene interés por la actuación.
Tradicionalmente en estos días hay una amplia programación cultural con exposiciones o presentaciones de libros y por razones evidentes recuerdo en 2004 la del libro "La cocina bilbilitana", para el que tuve el honor de coordinar a Sagrario y Presentación Arévalo, Esperanza Almansa y Mercedes Oliete.
Colaborando con el Grupo de Jota Virgen de la Peña actué de presentador durante unos años en el  festival folclórico Ciudad de Calatayud, a mi modo de ver uno de los actos más interesantes de las fiestas, seguramente porque conozco  el esfuerzo que supone al grupo su organización.  
Por entonces cada año en el Rosario de cristal alguno de los acompañantes de la bandera del patrón hablábamos de la necesidad de crear una asociación cultural, y en 2011 nos lo tomamos en serio y  nació la Asociación Torre Albarrana. Seguramente por ello exista esa cariñosa  vinculación entre Torre Albarrana y las Ferias a las que hemos aportado la creación de las balconeras con la efigie de la Virgen de la Peña, la campana con  la que cada año nos endulzan los pasteleros y el C.D. que recopila los cantos dedicados a la patrona con la voz de Nacho del Río y la música de Santiago Beltrán. Así mismo disfrutamos tremendamente de la mañana del 8 de septiembre con la concentración baturra a la que nos acompañan los Dulzaineros de la Torremocha; el homenaje sencillo que tributamos a Muñoz Román en su casa natal, siendo un  hito 2017, cuando por fin Don José fue reconocido con una calle en la ciudad a la que tanto quería, acompañándonos desde entonces la estupenda banda Pascual Marquina,; y el divertido vermú del que salimos corriendo para participar en el Rosario.
Este ejercicio de memoria, que casi parece un currículum para concejal de festejos,  me ha hecho ver que lo he pasado muy bien disfrutando, de forma  más o menos activa, de multitud de actos de las Ferias y Fiestas que en honor a nuestra Señora la Virgen de la Peña celebra la ciudad de Calatayud. Espero seguir disfrutando durante muchos años y pido para ti, amable lector, lo mismo, invitándote a que cuando la pandemia lo permita, disfrutes de estas fiestas que tanto merecen la pena.

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