CALATAYUD.- El Rosario de Cristal

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por F.J. LORENZO DE LA MATA


    Este acto de religiosidad popular, tiene para Calatayud una gran carga emotiva, sentimental y por supuesto religiosa. Afloran recuerdos para los mayores,  atractivo para los jóvenes y misterio para los pequeños, que de repente, ven como Calatayud se traslada por una tarde en un viaje en el tiempo, a otro periodo histórico.

    Pero aunque nos parezca que el Rosario de Cristal siempre existió y siempre estuvo ahí, honrando a nuestra patrona, no es así. Este comenzó su andadura en el año 1823, (6)  cuando una familia bilbilitana de apellido Marco, dona a la Esclavitud de Nuestra Señora de la Peña una colección de faroles de hoja de lata y cristales de colores. Esa donación sería el germen de esta importante tradición, que se ha convertido junto con la procesión del Santo Entierro, en uno de los mayores referentes patrimoniales populares de la Calatayud, de amplia y variada participación ciudadana. Según la obra "A los pies de mi patrona", escrita por D. Ángel Raimundo Sierra, la fecha de construcción de este Rosario de Cristal, data de  1876, aunque se tiene información contradictoria al respecto, ya que en las actas municipales de 1871, el concejo acepta invitación cursada por la Esclavitud de la Virgen de la Peña, para participar en esta manifestación de fe.


(6). ESCLAVITUD DE LA VIRGEN DE LA PEÑA. 1995. programa Oficial de las  Ferias y Fiestas en Honor de la Virgen de la Peña.  Ayuntamiento de Calatayud, 2006


    El Rosario de Cristal de Calatayud, por su cronología, es el segundo más antiguo que se conoce como tal. Encabeza la lista como el más antiguo el de los Esclavos de la Catedral de Pamplona de 1758, que desfilaba todos los días por el interior de la catedral de Santa María, la real de la ciudad de Pamplona, y que salió por primera vez a la calle en 1928.  

-  Pamplona. 1758., salió por primera vez a la calle en 1928
- Calatayud, año 1823
- Zaragoza, año 1889.
- Vitoria, año, 1896.
- Agreda (Soria), año 1899.
- Hijar, (Teruel), año 1909.
- Ateca, año 1912.
- Haro, ( La Rioja) año 1918.
- Tauste: 1918.
- Gallur, año 1924.
- Borja, año 1924.
- Castellón de la Plana, año 1925
- Siguenza ( Guadalajara), año 1928.
- Borja, año  1928.
- Perdiguera, año 1928.
- Perdiguera, año 1928.
- etc.

    La idea de crear un Rosario general con faroles que representasen los misterios del rezo del santo Rosario, no era una idea original, si no que se realizó por influencia de los rosarios públicos que ya se rezaban por las calles de  la ciudad desde el siglo XVII, los denominados Rosario de la Aurora. Teniendo como ejemplos más destacados, los de la Cofradía del Rosario que primeramente se estableció en el convento de San Pedro Mártir de Dominicos y después, tras la exclaustración en el siglo XIX, en la parroquia de San Andrés. Y el de la Cofradía de Nuestra Señora del Pilar, establecida en la parroquia de Santiago. Ambas cofradías rezaban públicamente en la calle, el santo rosario en la madrugada de los días de los meses de mayo y octubre y el día de la Asunción de María (15 de agosto). O el rosario nocturno de la familia Sesé, o el de Labradores, que se realizaba desde la ermita de Ntra. Sra. de la Consolación. Estos también de amplia participación  popular.

     La estructura de estas procesiones eran menos ostentosas que el Rosario de la Esclavitud de la Virgen de la Peña,  y se componían de:  una cruz alzada, que abría la procesión, de un estandarte con la representación de la Virgen de más o menos riqueza  y calidad pictórica,  y una colección de faroles que realizaban la misión de representar los misterios. El número de estos faroles variaban según el número de asistentes, o los recursos económicos de las cofradías, u otras circunstancias. Su número oscilaba entre 17 y 76, y cumplían la doble misión de servir de representación de las avemarías, padrenuestros y glorias que componen el rezo del Santo Rosario, así como  de iluminar la comitiva, que discurría por las calles nada o poco iluminadas de la época, (siglos XVII, XVIII, XIX y principios del XX).

    La serie de faroles más escasa, la de 17, se distribuían de la siguiente forma: 2 custodiando la Cruz. 2 para el estandarte de la Virgen,   1 representando el Padre Nuestro, 1 para el Gloria, 10 faroles para los Avemarías. Lo que equivaldría a un misterio de Santo Rosario. El farol que falta para completar la cifra de 17, hacía referencia y representación  a las almas del purgatorio.

    La serie de 76 faroles,  comprendía el misterio completo. Que según el día de celebración se rezaba (Misterios dolorosos, gloriosos o gozosos ), los restantes faroles se distribuían: 2 para la cruz que encabezaba la procesión, 2 para el estandarte de la Virgen y el último para las almas del purgatorio. Está composición se solía realizar los días más solemnes y festivos.

    La creación del Rosario General de la Virgen de la Peña, supuso una manera más completa y ostentosa, la representación del Santo Rosario. así se añadieron las Letanías, como la figuración de los Misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, que encabezaban cada una de las partes. Junto con una cruz, que precedía cada uno de ellos, también de cristal. De igual forma se añadieron colores a los cristales, alternando estos con blancos y transparentes, para diferenciar de esta forma los diversos misterios y para imprimirle un tinte más solemne y distinguido. Los colores seleccionados fueron: el verde para los gozosos, el morado para los dolorosos, y el rojo para los gloriosos.

    Poco a poco se fue engrandeciendo con diversos faroles monumentales en forma de templetes y estructuras arquitectónicas para albergar diversas advocaciones, ( San Iñigo, Abad, Santo Domingo de Guzmán y Ntra. Sra. del Rosario) y otros faroles para acompañar, las cruces, y diversos elementos, como estandartes y banderas, con un total de 200 faroles de mano, de peso y tamaño variado y 10 faroles grandes. En el año 1905, se incorpora el grupo escultórico del hallazgo de la Virgen de la Peña.   A finales del siglo XX y principios del XXI,  paulatinamente se fueron incorporando diversas advocaciones marianas de la ciudad, así como imágenes titulares de cofradías, hermandades, diversas asociaciones y entidades de la ciudad, dándole un carácter más representativo de los diferentes estamentos asociativos y sociales de Calatayud, pero desgraciadamente perdiendo  su esencia y carácter original.

    Como dato curioso debemos mencionar que la imagen de nuestra patrona, no participaba en este acto popular de fe, hasta la década de 1950, cuando se impuso la decisión, muy a pesar de su devoto barrio, de trasladar la imagen de la Virgen desde su santuario a la colegiata de Santa María, para la celebración de su novena y fiesta. Antes de esta fecha la imagen de nuestra excelsa patrona, no abandonaba su precioso santuario. Solo en contadas y distinguidas ocasiones, la imagen de la Santísima Virgen de la Peña dejaba su preciosa casa.

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