Tras una década de promesas incumplidas sobre la profesionalización del centro, el personal voluntario se encuentra atado de pies y manos por la falta de recursos esenciales
BREA DE ARAGÓN-. La efectividad y la capacidad de respuesta del Parque de Bomberos de Brea de Aragón vuelve a ser una polémica. Los propios voluntarios que atienden las instalaciones han denunciado públicamente que acumulan ya dos años sin disponer de un camión de bomberos operativo, una carencia que les imposibilita por completo atender los avisos en caso de que se declare un incendio en la zona debido a la falta absoluta de medios.
Esta situación contrasta con la inversión realizada en su día. El parque fue inaugurado hace algo más de dos décadas como una infraestructura completamente nueva y adaptada, con un desembolso público que superó el medio millón de euros. Sin embargo, a día de hoy, el centro está atendido de manera exclusiva por personal voluntario. Esta condición limita drásticamente su capacidad de acción directa, puesto que el protocolo les impide intervenir de forma autónoma sin la autorización expresa de los bomberos profesionales, quienes se encuentran ubicados en parques de referencia más lejanos, como los de La Almunia de Doña Godina o Calatayud.
El problema viene de largo y no parece encontrar solución en las administraciones. Hace ya dos años que se interpusieron las primeras denuncias alertando del progresivo deterioro y las deficiencias del camión, así como de la notable escasez de material adecuado para las intervenciones. Pese al tiempo transcurrido, los voluntarios aseguran que siguen sin recibir ningún tipo de respuesta o solución por parte de la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ).
A las quejas por el equipamiento se suma un problema estructural histórico: hace ya una década que se puso sobre la mesa la propuesta formal de incorporar personal profesional al parque de Brea de Aragón para garantizar una cobertura constante y reglada. Aquella iniciativa nunca llegó a concretarse y permanece olvidada a día de hoy. Esta parálisis institucional, sumada a la realidad actual de no contar siquiera con un vehículo de extinción, ha disparado la preocupación y la sensación de desprotección e inseguridad entre los habitantes de los municipios de la Comarca del Aranda, agravada por las alertas de incendio constantes que se viven en los últimos días.