420 años después del inicio de la fabricación de calzado en el Aranda la huella languidece

Comarca del Aranda
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Desde que la población mudéjar fundara las primeras tenerías en 1606, Brea de Aragón e Illueca se convirtieron en el gran motor del cuero aragonés; hoy, la competencia asiática y la falta de relevo generacional amenazan con borrar un oficio clave para la comarca del Aranda



La historia de la comarca del Aranda lleva más de cuatro siglos escrita con olor a cuero y sonido de leznas. Fue en 1606, en Brea de Aragón, donde la población mudéjar comenzó a moldear las primeras sandalias artesanales. Aprovechando el paso frecuente del ganado y la abundancia del zumaque en los montes cercanos —planta clave para el curtido—, aquellos primeros artesanos pusieron la primera piedra de una industria que terminaría marcando la identidad y la economía de todo un territorio.
La actividad prosperó a tal ritmo que, ya en el siglo XVIII, el municipio de Brea producía más de la mitad de las pieles de todo el Reino de Aragón. Sin embargo, el gran giro llegó tras la Guerra de la Independencia: la imposibilidad de dar salida al material hacia el exterior obligó a los vecinos a reinventarse y transformar las tenerías en talleres de calzado. Hacia 1835 ya se contabilizaban 99 zapateros en la zona, consolidando un oficio que pasó de generación en generación durante casi dos siglos.
Con el tiempo, aquellos pequeños talleres familiares acabaron convirtiéndose en el pulmón económico de toda la comarca, con Brea de Aragón e Illueca al frente. Durante décadas, varias familias mantuvieron la fama del calzado del Aranda en el mapa nacional, garantizando empleo, fijando población y convirtiendo la zona en un referente industrial.

La crisis y la amenaza del olvido
El punto de inflexión llegó hace un par de décadas, cuando una profunda crisis industrial sacudió los cimientos del sector. El cierre en cadena de un centenar de empresas y la pérdida de unos 1.500 puestos de trabajo transformaron radicalmente la vida cotidiana de los pueblos de la comarca, dejando la fabricación local al borde de la desaparición.
Hoy en día, el calzado español libra una batalla desesperada por su supervivencia. Las zonas de mayor tradición zapatera del país —como Elche, Arnedo o los propios municipios del Aranda— coinciden en diagnosticar los mismos males: la imparable competencia del mercado asiático, el incremento de los costes laborales y la enorme dificultad para encontrar jóvenes dispuestos a aprender el oficio. Desde las instituciones europeas se admite la complejidad de competir en un escenario globalizado donde los márgenes se reducen año a año.
A punto de cumplirse 420 años desde aquellas primeras tenerías mudéjares, la comarca del Aranda ve cómo la huella de su oficio más emblemático se desvanece, peleando a contrarreloj para evitar que cuatro siglos de tradición zapatera queden relegados a los libros de historia.

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