Mantenía contacto con su Calatayud natal aunque marchó de joven de la localidad
El filósofo y docente Tomás Guillén Vera falleció el pasado martes a los 74 años, dejando tras de sí una vida dedicada al pensamiento, la enseñanza y una insólita vocación por el saber en su sentido más amplio. Reconocido como uno de los mayores especialistas en la obra de Gottfried Wilhelm Leibniz, su nombre figura entre los principales referentes en el ámbito internacional.
Entre sus obras: Leibniz, lector de Locke (1987), La polémica sobre lo innato en el libro de los 'Nuevos ensayos' (1991), Los elementos del derecho natural (1991), Bases para la ética y la política en Leibniz (1995), Ensayos de teodicea (2015). En el momento de su muerte, llevaba más de una década trabajando en la obra no conocida en español de Leibniz.
Guillén no solo dominaba con fluidez los idiomas en los que Leibniz escribió —latín, francés y alemán—, sino que era capaz de situar con precisión cualquier concepto menor dentro del vasto y disperso corpus del pensador alemán, compuesto por más de un centenar de volúmenes que abarcan desde la metafísica y la lógica hasta la jurisprudencia, la geología o la historia. Muchos de estos textos jamás fueron traducidos al español, pero eso no supuso barrera alguna para él.
Además de su labor como investigador, fue un educador nato. Enseñó filosofía en la educación secundaria y fue catedrático de instituto en Valladolid, donde marcó a varias generaciones de estudiantes. Su método se apartaba de los manuales convencionales: elaboraba materiales propios, lo que permitía a sus alumnos llegar a la universidad con una formación sólida y crítica.
Como miembro del grupo Espiral, participó activamente en la renovación del pensamiento educativo. También fue una figura destacada en la interpretación contemporánea de autores como Spinoza, Descartes y Maquiavelo. Pero su curiosidad no se limitaba a la filosofía: leía con soltura en griego antiguo, dominaba el inglés, tocaba el piano con notable virtuosismo, practicaba fotografía, y se interesó por la química.
Nacido en Calatayud, en la Travesía del Carmen, junto a la Plaza del Olivo, mantenía contacto con la ciudad que le vio nacer.