La Basílica del Santo Sepulcro acogerá el próximo 25 de enero la ordenación. El segundo diacono permanente en la diócesis de Tarazona
Según informa la Diócesis de Tarazona, el próximo 25 de enero a las 18:30 horas, en la Basílica del Santo Sepulcro de Calatayud, Jacobo López García, casado y padre de familia, recibirá la ordenación como diácono permanente de manos de Mons. Vicente Rebollo, obispo de Tarazona. El candidato a diacono permanente realizaba ayer la profesión de fe y el juramento de fidelidad en el Obispado de Tarazona ante el obispo de Tarazona, Mons. Vicente Rebollo, y el vicario general, don Vicente Rebollo Mozos.
La celebración supondrá un nuevo paso para la Iglesia diocesana, que instauró el diaconado permanente el 26 de diciembre de 2021 por iniciativa del entonces obispo, D. Eusebio Hernández Sola, en sintonía con la restauración de este ministerio promovida por el Concilio Vaticano II. Desde entonces, este servicio eclesial ha ido encontrando su espacio en la vida pastoral de la diócesis.
Considerado uno de los frutos más relevantes del Concilio, el diaconado permanente aporta una presencia ministerial estrechamente vinculada a la vida familiar, laboral y social. Sus cometidos abarcan el anuncio del Evangelio, la colaboración en la liturgia y una dedicación especial a la caridad y al acompañamiento de los más necesitados.
La diócesis de Tarazona cuenta desde septiembre de 2022 con otro diácono permanente, Miguel-Ángel Peña Domínguez, y acoge ahora esta nueva ordenación, que refuerza el camino iniciado en los últimos años.
Funciones del diácono permanente
El ministerio del diácono se articula en tres grandes ámbitos. En el servicio a la Palabra, proclama el Evangelio en la celebración eucarística, puede predicar la homilía, colaborar en la formación cristiana de los fieles y presidir celebraciones de la Palabra cuando no hay presbítero.
En el ámbito litúrgico, asiste al obispo y a los sacerdotes en la Misa, administra solemnemente el Bautismo, puede asistir y bendecir matrimonios como testigo cualificado de la Iglesia y presidir exequias y funerales. Asimismo, lleva la comunión a los enfermos y moribundos y puede dirigir celebraciones dominicales en ausencia de sacerdote, sin consagrar la Eucaristía.
El tercer pilar es el ministerio de la caridad, donde el diácono está llamado a impulsar y coordinar acciones solidarias, acompañar a personas en situación de pobreza, enfermedad o exclusión, y ser presencia activa de la Iglesia en el compromiso por la justicia y la paz.