El Centro de Protección Animal de Calatayud alcanza las 300 adopciones mientras se consolida la labor de cuidado y acompañamiento de la Asociación Protectora de Animales Armantes
“El portón se abrió sin ruido, como si el mundo al otro lado todavía pudiera asustarle, asentado en su refugio y con el miedo a lo desconocido. Llevaba semanas mirando siempre el mismo rincón, el mismo paso de personas, el mismo eco de ladridos que no eran los suyos. Aquel día, sin embargo, alguien se agachó frente a él, pronunció su nombre con una voz nueva y le tendió la mano. Dudó apenas un segundo. Después, por fin, se acercó. Lo hizo con el lógico miedo a lo que no se conoce pero con la esperanza de una vida mejor”.
Ese momento, tan sencillo como irrepetible, es el que han vivido 300 perros en el Centro de Protección Animal (CPA) de Calatayud desde que abrió sus puertas en octubre de 2013. Trescientos animales que, como aquel perro imaginado, llegaron tras haber sido abandonados o extraviados, sin un lugar claro al que volver.
El CPA, ubicado en el paraje de Valdeconejos, no es solo unas instalaciones municipales de más de 49.000 metros cuadrados. Es, sobre todo, un punto de partida. Un lugar donde los perros son recogidos, atendidos y cuidados, esperando una segunda oportundidad.
A ese trabajo se suma, desde 2023, la colaboración de la Asociación Protectora de Animales Armantes. Son ellos quienes entran en contacto directo con los animales, quienes los acompañan, los observan, los cuidan y los preparan para volver a empezar. También quienes buscan familias de acogida, fomentan la adopción y velan por su estado sanitario, con el respaldo del Ayuntamiento.
“Llevan a cabo una gran labor”, señala Ana Isabel García, concejal delegada de Medio Ambiente, que subraya el valor de ese acompañamiento diario, hecho de gestos pequeños que no siempre se ven, pero que marcan la diferencia.
La cifra redonda llegó estos días: 300 adopciones. Son 300 vidas que han salido del centro con su cartilla sanitaria, su pasaporte, vacunadas y esterilizadas, listas para empezar una nueva etapa, conocer una nueva familia, arrancar de nuevo una nueva vida. Un trámite que, en la mayoría de los casos, ha tenido un coste simbólico de 30 euros. Animales que, en todos los casos, no estaban identificados con microchip cuando llegaron.
Hoy, en el CPA, quedan cinco perros esperando. Cinco historias detenidas en el mismo punto en el que, hasta ahora, empezaron las otras 300. La esperanza, sin embargo, sigue siendo la misma: que alguien vuelva a abrir ese portón sin prisa, con pausa y con ganas de ofrecer una segunda vida a alguien que nunca le defraudará y que lo tendrá siempre a su lado.
El proceso de adopción, sencillo pero responsable, pasa por dirigirse al Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Calatayud, donde se realiza un cuestionario previo para valorar la idoneidad del adoptante. Porque adoptar no es un gesto puntual, sino un compromiso que empieza justo cuando el animal deja atrás el centro.
También los gatos llegan al CPA, muchos de ellos abandonados. A todos se les intenta buscar una salida: localizar a sus dueños o encontrarles un nuevo hogar. En su caso, el proceso sigue la misma línea de responsabilidad, con la entrega identificados con microchip y esterilizados.
Trescientos animales. Trescientas oportunidades
Detrás de cada cifra, una historia que empezó igual que tantas otras: con un abandono. Y terminó, en cambio, con una mano tendida, una puerta abierta y una vida que, esta vez sí, continúa.