La Hermandad de San Pascual celebra del 15 al 17 de mayo sus actos en honor al santo patrón de los sogueros, una festividad con siglos de historia que también mantiene viva la tradición en localidades de la comarca como Terrer.
Calatayud volverá a mantenerse fiel a sus tradiciones y al recuerdo de tiempos pasados en torno al cáñamo y la música, las fiestas de San Pascual Bailón, una de las celebraciones más tradicionales y queridas del calendario bilbilitano. La Hermandad de San Pascual ha organizado diversos actos entre los días 15 y 17 de mayo para honrar al santo, cuya figura mantiene una profunda vinculación histórica con el antiguo gremio de sogueros de la ciudad.
San Pascual nació en 1540 en Torrehermosa, localidad muy cercana a Calatayud, y desde hace siglos cuenta con una enorme devoción en toda la comarca. Pastor en su juventud y posteriormente fraile franciscano, el santo destacó por su sencillez y espiritualidad popular, convirtiéndose con el paso del tiempo en una de las figuras religiosas más veneradas del Aragón rural.
Los actos comenzarán el viernes 15 de mayo con la tradicional diana a cargo de los dulzaineros de la Hermandad desde las 8.00 horas. Ya por la tarde, a las 19.00 horas, se celebrarán las completas y la salve en la Colegiata de Santa María.
El sábado 16 de mayo tendrá lugar la jornada central de las fiestas. A las 8.00 horas se celebrará una nueva diana y pasacalles, mientras que a las 11.30 horas comenzará la solemne misa en la iglesia de San Andrés. A continuación, a las 12.00 horas, arrancará la tradicional procesión con la imagen del santo recorriendo las calles San Andrés, Rúa de Dato, Plaza del Fuerte, Cortes de Aragón, López Landa, Costa, Bardají, Bodeguilla, Plaza de España, Sancho y Gil y calle Ruzola.
Uno de los momentos más característicos de la celebración llega precisamente durante esta procesión, cuando los cofrades portan el paso “bailando”, con pequeños movimientos acompasados que evocan el apellido del santo y que se han convertido en una de las imágenes más singulares de la festividad.
Las celebraciones concluirán el domingo 17 de mayo con la misa prevista a las 09.30 horas en el oratorio de la Plaza del Olivo, tras la cual tendrá lugar el tradicional cambio de preboste.
La devoción a San Pascual también se mantiene viva en otros municipios de la comarca. En Terrer, por ejemplo, es tradición preparar grandes calderas de judías en honor al santo, una costumbre popular vinculada antiguamente a la ayuda a vecinos humildes, pastores y trabajadores del campo.
Los sogueros y la huella de un oficio desaparecido
La festividad de San Pascual Bailón está estrechamente ligada en Calatayud al antiguo gremio de sogueros, uno de los oficios artesanos más importantes que tuvo la ciudad durante siglos. Los sogueros elaboraban manualmente cuerdas, sogas y maromas imprescindibles para la agricultura, la ganadería, los pozos, el transporte de mercancías o la construcción.
El trabajo se realizaba en largos espacios conocidos como “tiradores”, donde los artesanos iban retorciendo las fibras mientras caminaban hacia atrás para tensar las cuerdas. Era un oficio duro y exigente físicamente, en el que la precisión resultaba fundamental, ya que una soga defectuosa podía provocar accidentes graves.
Los sogueros bilbilitanos desarrollaron una fuerte identidad colectiva y acabaron organizándose en hermandades religiosas y profesionales bajo la protección de San Pascual Bailón. La celebración del santo servía como acto religioso, y también como punto de encuentro y apoyo mutuo entre quienes compartían el oficio.
Aunque la industrialización y la llegada de las fibras sintéticas provocaron la desaparición progresiva de muchos talleres durante el siglo XX, la Hermandad de San Pascual ha permitido conservar hasta hoy la memoria de aquel trabajo artesanal tan ligado a la historia de la ciudad.
El cáñamo de Calatayud y su relación con la navegación
Las sogas elaboradas en Calatayud tuvieron además una importancia directa en la navegación española de siglos pasados. Aunque la ciudad se encuentra lejos del mar, formaba parte de la red interior de producción artesanal que abastecía de cuerdas y maromas a numerosas zonas comerciales y portuarias de la península.
El principal material utilizado era el cáñamo, muy apreciado por su resistencia y durabilidad frente a la tensión y la humedad. Desde distintos puntos del interior peninsular se fabricaban cuerdas que posteriormente llegaban a puertos como Barcelona, Valencia o Cádiz, País Vasco o Galicia.
Las maromas navales eran fundamentales para el funcionamiento de los barcos de vela. Servían para sujetar mástiles, mover velas, asegurar cargas o realizar maniobras de atraque. Su fabricación requería una técnica muy especializada para repartir correctamente la tensión y evitar roturas. Y desde luego las sogas procedentes de nuestro territorio reunían todas las características necesarias como para ser imprescindibles en las naves y por lo tanto en el comercio marítimo y la navegación española.