14 kilómetros de paseo bajo la luz de las estrellas

Gente y Familia
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La S.D. Comuneros volvió a ser fiel con su cita de la andada nocturna


Cuando el bullicio del día se apaga y el calor de las primeras horas de la tarde empieza a dar tregua, la naturaleza ofrece una perspectiva completamente distinta bajo la luz tenue del anochecer. Caminar a oscuras, guiados apenas por el parpadeo de los frontales y la inmensidad del cielo abierto, es una experiencia que transforma el paisaje cotidiano. Bajo esa atmósfera mágica, casi mística, transcurrió la vigésimo cuarta edición de la Andada Nocturna de Calatayud, una cita plenamente consolidada en el calendario estival gracias al empeño y el cariño que, año tras año, deposita en su organización la S.D. Comuneros.
La marcha comenzó a cobrar vida a las nueve de la noche. El Recinto Ferial se convirtió en el punto de encuentro donde se dieron cita entre cincuenta y sesenta participantes, un grupo de entusiastas del calzado cómodo y las mochilas ligeras dispuestos a adentrarse en la penumbra.  A los habituales senderistas bilbilitanos se sumó en esta ocasión una  representación de caminantes llegados desde Cataluña, Castilla-La Mancha, La Rioja, Madrid y diferentes comarcas de la geografía aragonesa, demostrando el indudable poder de convocatoria de la ruta. Como anécdota de la jornada, el grupo contó además con unos siete "atrevidos" que prefirieron romper la calma de la caminata y completar el desafío corriendo.
Por delante quedaba un sugerente trazado circular de 14 kilómetros diseñado para paladear el entorno sin prisas. Los pasos de los senderistas se adentraron en el silencio de la Sierra de Armantes y el Castillo, un entorno sobrecogedor que de noche adquiere formas casi escultóricas bajo el manto estrellado y las formas agrestes de una paisaje de película. La temperatura fue simplemente perfecta, aliándose con los participantes para regalar una noche de esas en las que da gusto avanzar, charlar en voz baja y dejarse llevar por el crujido de la tierra bajo las botas. Fue un verdadero disfrute para los sentidos, una oportunidad de redescubrir el territorio desde la serenidad que solo ofrece la medianoche.
El punto final de la travesía aguardaba en la era de San Roque. Allí, la organización tenía preparada una reconfortante cena para recuperar fuerzas, el escenario ideal para compartir las impresiones del camino, las risas y el cansancio acumulado en una velada redonda. El éxito de esta edición ha dejado un gran sabor de boca en la S.D. Comuneros, cuyos integrantes, casi sin tiempo para desatar los cordones de las zapatillas y limpiar la arena de las suelas, ya tienen la mirada puesta en el horizonte del año que viene, en la que la Andada Nocturna soplará las velas de su primer cuarto de siglo, 25 años caminando bajo las estrellas del cielo bilbilitano.

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