Con 3.808 fallecimientos provisionales registrados en España en 2025, el especialista de ASAME insiste en romper el silencio y no afrontar el sufrimiento en solitario.
Coincidiendo con la conmemoración del Día Mundial de la Prevención del Suicidio, los micrófonos de COPE Calatayud han contado esta mañana con la presencia de Andrés Rodríguez, psicólogo de la asociación ASAME. Durante la entrevista, el profesional ha puesto sobre la mesa una problemática de salud pública que, según los datos oficiales provisionales del año 2025 en España, se cobró la vida de 3.808 personas, una cifra que vuelve a superar a las víctimas de accidentes de tráfico.
Rodríguez ha querido contextualizar este volumen de pérdidas humanas recordando que el impacto emocional no finaliza en la propia víctima. Se estima que por cada persona que fallece por esta causa, entre 6 y 10 allegados sufren secuelas emocionales directas como el desamparo o la culpa. Asimismo, por cada caso consumado existen entre 10 y 12 personas que atraviesan momentos de severa ideación suicida, un sufrimiento que a menudo llevan en aislamiento por miedo al estigma social o a la incomprensión.
Bajo la premisa de la campaña de este año, «Ni culpa ni silencio», el experto ha remarcado la importancia de entender que las conductas suicidas no responden a una sola razón, sino a una acumulación multifactorial de circunstancias (pérdidas familiares, problemas económicos o dolores físicos) donde la persona siente que «la vida se le hace bola» y no divisa una alternativa.
Cómo actuar desde el entorno cercano
Ante este escenario, el psicólogo de ASAME ha detallado las pautas clave para aquellas personas que detecten que alguien de su entorno atraviesa un proceso de desesperanza o sufrimiento extremo:
• Validar y escuchar sin juzgar ni dar consejos precocinados: Evitar frases vacías como «piensa en tu familia» o intenciones inmediatas de resolver el problema. Las personas en esta situación suelen tener la cabeza saturada de esos argumentos; lo que necesitan es una escucha activa y la certeza de sentirse acompañadas.
• Ofrecer presencia y pequeños apoyos concretos: Proponer acciones sencillas y directas sin presionar, como salir a dar un paseo breve, tomar un café juntos o simplemente sentarse a su lado en silencio.
• No guardar el secreto: Si una persona expresa de forma explícita que no puede más o da señales de alarma, el entorno no debe mantener el silencio por miedo. Es fundamental dar el paso de pedir ayuda profesional o contactar de inmediato con los servicios especializados.
• Recurrir a los canales oficiales: Hacer uso del teléfono nacional de atención a la conducta suicida, el 024 («Llama a la vida»), un servicio gratuito, confidencial y disponible las 24 horas del día operado por profesionales.
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