¿Falta acribia o sencillamente tenemos miedo?

Vivencias para una crisis por Manuel Martín Bueno
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No son ganas de incordiar ni de epatar, sencillamente en el mejor de los casos, de hacer que algunas personas que siguen estos artículos tengan que acudir al diccionario de la RAE para verificar alguna palabra.

No obstante no es ejercicio fútil ni ocioso y además en estos momentos tenemos bastante tiempo, en teoría son épocas vacacionales voluntarias o forzadas. Para facilitar las cosas, la consulta del diccionario se puede realizar sin mantener una distancia mayor que la que permita nuestra capacidad de visión y además sin mascarilla, ahí es nada.

Acribia, de akribeia en griego, significa “exactitud, minuciosidad” y como los griegos fueron maestros y origen de nuestra cultura, aunque luego pasase por el tamiz práctico de la cultura de Roma, que le dio esa pátina de simplicidad con que nos desayunamos cada mañana, pero no nos damos cuenta, seguimos en ello, en que heredamos muchas cosas de la antigua cultura helena y que nos dure por nuestro bien y salud mental, que ya es decir.

El miedo, también lo traemos del griego, pero lo amplificamos a pánico que es lo mas. También el Diccionario de la lengua española de la RAE, en su actualización del año 2019, nos dice que pánico, nos llega a través del latín panicus y a su vez del griego panikós. Referente al dios Pan de los helenos. Es adjetivo que “dice del miedo o terror extremado o muy intenso, que a menudo es colectivo y contagioso”. Aquí es a donde queríamos ir a parar, ya que el síndrome de pánico en psicología determina un “cuadro clínico de miedo compulsivo relacionado con la depresión” (RAE dixit).

Si consultamos a nuestro alrededor o sencillamente observamos, para lo que tenemos mas tiempo del que creemos, podríamos incluso preguntar a nuestros conciudadanos mas próximos si se encuentran afectados por alguna de estas situaciones descritas y seguramente la inmensa mayoría nos dirán que no, porque los humanos y los que habitamos en esta piel de toro no somos muy proclives a admitir las flaquezas, faltaría mas, eso lo tendrán otros yo no. Será la respuesta mas generalizada y si consultamos a especialistas seguramente dirán que no dicen verdad, lo que siempre ha significado que mienten o no se reconocen en esa situación lo que es algo parecido aunque no igual. Volviendo a la primera línea, carecemos en gran medida de exactitud y somos poco minuciosos al reconocer las cosas y a nosotros mismos.

El fin del Estado de Alarma nos dejó indefensos, sin faro ni guía, tan denostado por tantos que ahora lo añoran y con el que se sentían mas protegidos. Para salir del Estado de Alarma y volver a vivir en la normalidad que es mucho decir, sin que haga falta adjetivarla, fue necesario que los partidos políticos, oposición, compañeros ocasionales y oportunistas de viaje, y singularidades bastante dispares, arremetieran contra tal medida que poco a poco según algunos nos iba deslizando por una pendiente conducente al caos generalizado, comenzando con el económico y cuando se toca la faltriquera todo se descompone, actitudes, opiniones, comportamientos, etc.

Salimos cuando todavía no estaba previsto que se hiciera, pero nos sacaron a empellones y aquí estamos. Al día siguiente de aquello, las CCAA tan contentas, ya podían gestionar sus competencias tan reclamadas y añoradas, pero se quedaron sin el comodín del gobierno que tan mal lo hacía. No seré yo quién diga que todo se hacía bien porque sería inconcebible, pero funcionaba y por ende servía para achacar lo malo a los gestores gubernamentales y lo bueno a la sensatez del pueblo español que es modélico en comportamientos tanto individual como colectivo.  Lo vemos a cada momento y en cada esquina.

Pretender que en un Estado como la España salida de la Constitución de 1978, todo funcionase al unísono o al menos en una dirección convergente, digamos de banda ancha, es de mente generosa en exceso. Induce a risa, además la acribia, la minuciosidad y exactitud de comportamientos de gobiernos autonómicos y de ahí abajo lo que quieran, provincias, comarcas quién las tenga, municipios, etc., no deja de ser un pensamiento migratorio hacia una Arcadia feliz, que no es España, ni siquiera Europa y menos todavía las regiones que integran el Planeta Azul. Miren alrededor y lo comprobarán.

Ahora estamos ayunos de referencias fiables, miramos alrededor buscando culpables para todo, desde vecinos a concejales, consejeros, alcaldes, directores generales, generales con mando en plaza, diputados, senadores, jueces, magistrados y fiscales, ministros de primera de segunda o aquellos que nunca debieron alcanzar tal dignidad, por no hablar de otros niveles, el de la Jefatura del Estado y familia, porque ahora no toca y porque tenemos división de poderes y el turismo está mal, aunque quién lo practique sea un díscolo del  entorno de referencia, que tal vez haya perdido el norte por malos consejos o por exceso de mirarse en el espejo de metal pulido, como los antiguos, de las piezas de metal amonedado, los numismas, con su efigie en el anverso. La damnatio memoriae está en el horizonte.

La ausencia de horizonte de referencia nos ha dejado un poco huérfanos o con los dardos de punta afilada agotados en los esfuerzos precedentes. Ya las voces, los coros de ellas que gritaban airadas cada día con cada medida o comentario, opinión, etc., que surgía de la autoridad competente estatal, se han ido quedando mudas. Tal vez sea agotamiento, afonía mal asimilada que no se proclama porque puede interpretarse como síntoma de la enfermedad maldita y silente que no queremos reconocer porque el enfermo, el contagiado es el de al lado, el vecino de rellano, calle o de café. Por eso se aprecian comportamientos tan erráticos y anómalos, cuando no directamente ofensivos hacia la sociedad toda. La sociedad, gran parte de ella ha entrado en pánico aunque no lo reconozca y hay que actuar en consecuencia.

Las concentraciones de insensatos que vulnerando las reglas de la lógica, empujados por el cencerro que guía el rebaño con consignas que recorren redes sociales sin descanso, las concentraciones bien sea para bailar, beber, vociferar siguiendo a pseudo gurús que han perdido todo contacto con la realidad y pretenden opinar, no solo por ellos sino por muchos, por los que les siguen, son un gran peligro latente al que habría que poner coto sin tardanza ignoro con que medios; pero si tenemos una constitución tan perfecta y leyes para todo, administradas por gobiernos de toda laya desde el nivel internacional al local o del portal de casa, malo será que no podamos aplicar algo. Tiempo ya queda menos, medios los hay y gentes pagadas para pensar en soluciones también, aunque cada día que pasa lo parezca menos.

El tiempo pasa a velocidad de vértigo. No piensen que se detiene a voluntad, nadie habla ya de que el calor iba a hacer desaparecer el virus, cada vez son menos las voces que proclaman en alguna autonomía de relumbrón que sus medidas para controlar, contratando todo lo necesario y mas se iba a producir porque ni ella misma se lo cree.

Los partidos están a algunas cosas que no son las esenciales y a otras que si, pero los decibelios del insulto, seguramente porque no hay periodo de sesiones, han disminuido. Ahora se actúa de manera soterrada intentando mover militantes y afines para machacar al oponente, se atizan los resquemores y los desequilibrios sociales para facilitar actuaciones de mafias organizadas que desde fuera o desde dentro lanzar a la mar a miles de desgraciados que morirán en las aguas o luego en la pobreza, porque ya han pagado la cantidad que les permitió subir a esas embarcaciones de fortuna que también son objeto de comercio. Se invaden domicilios ajenos y se saquean de inmediato en operaciones organizadas para pedir un rescate que permita a sus infortunados propietarios tener que negociar con quienes no deberían tener ningún derecho para ello sino el que les podría asistir en el despacho de una comisaría de policía una vez desalojados y detenidos. No todo son bancos y deudas impagadas, una inmensa mayoría sospechamos que no es así pero no es socialmente aceptable decirlo. Lo siento pero la sociedad está muy cansada de situaciones intolerables a las que no ve se pongan soluciones ni siquiera se intenta hacerlo.

Dicen que hay unas cuantas vacunas en marcha, otros dicen que no sirven para nada sino para favorecer que la sociedad global siga cautiva de la ignorancia y de las garras de los poderosos que mueven los hilos. Habrá que tener cuidado con la proliferación de esta insensatez que mueve a mucha gente que no acepta nada porque si se van moviendo hacia un extremo del planeta y resultase que es plano, terminaríamos todos cayendo por un extremo a la nada mas absoluta. Habrá que seguir observando el fiel de la balanza por si acaso.

Que quieren que les diga, uno mismo aplica la acribia con el mayor rigor posible, no he llegado al pánico, pero a veces siento cierto temor, que sería un estado leve de esta inquietud general, pero en cualquier caso no me gusta un pelo.

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